miércoles 18 de noviembre de 2009

Seres chané



Esculturas de cerámica realizadas por Luisa Pereyra alrededor de 1950. Esta artista perteneciente a la cultura chané del chaco salteño de Argentina, llevó un poco más allá que sus contemporáneas el vuelo de sus piezas. Se basó en una iconografía existente para darle a su obra un matiz particular.
Cruce de cultura andina y selvática, la historia de los chané y su relación con los chiriguanos y otras influencias culturales de la región dio el fruto de un arte original que plantea interrogantes. Aunque muchas veces se caracteriza a la cerámica chané como ingenua, resultan claras las derivaciones de arte como el de Condorhuasi de 2000 años de antigüedad, inspirado por rituales e ingestas de plantas enteógenas. Qué significan estos gateadores? A qué transformación aluden?
Es raro que no podamos contestar hoy preguntas surgidas de un tiempo tan cercano.

martes 3 de noviembre de 2009

Librerías

Esta es la lista de librerías en la que se encuentran actualmente los libros de Colección Arte Brujo. Salvo las especificadas, son todas de Buenos Aires:


Arcadia M.T.DE ALVEAR 1548
Asunto Impreso PERU 1064 / 4361-8210
Museo Bellas Artes AV.DEL LIBERTADOR 1473 / 5288-9900
Boutique del Libro Martinez ARENALES 2048 / 4798-9073
" " San Isidro CHACABUCO 459 / 4742 1297
" " Unicenter LOC.3169 / 4717-4873
" " Palermo Soho THAMES 1762
Caleidoscopio ECHEVERRIA 3268 / 4552-2144
De la Mancha AV.CORRIENTES 1888 / 4372-0189
El Faro libros GORRITI 5204 / 4831-2239
Fedro CARLOS CALVO 578 / 4300-7551
Ferrovia libros (Sta Fé) 9 DE JULIO 3137 / 0342-4565747
Galerna LAMBARÉ 893 / 4867-1661
Gambito JOSE BONIFACIO 1042 / 4432-1304
Guadalquivir RODRIGUEZ PEÑA 744 / 4815-1190
Hernandez AV.CORRIENTES 1311 / 4373-6106
La Barca libros SCALABRINI ORTIZ 3048 / 4806-0395
Malba AV FIGUEROA ALCORTA Y SAN MARTIN DE TOURS
Oliva libros (Rosario) ENTRE RIOS 548 / 0341-448-5589
Paidos AV.STA FE 1685 / 4812-6685
Prometeo AV.CORRIENTES 1916
Proyecto Xilofon (Rosario)
Safira libros
Wussman RODRIGUEZ PEÑA 1399 / 4811-2444 Y VENEZUELA 574 / 4331-1887
Cultura libros AV.LAS HERAS 3000 / 4802-9891
Funceb ESMERALDA 965 / 4313-6448
Museo Blanes (Montevideo) AVDA MILLAN 4015
Museo del Barro (Asunción)

lunes 2 de noviembre de 2009

Notas sobre Dueños en USA y Bélgica

Salió en la revista ArtPulse de USA una reseña sobre "Dueños de la encrucijada" en el Centro Cultural Rojas. En la parte de prensa está la nota en inglés completa. Y este es el link para verla en la revista: http://artpulsemagazine.com/owners-of-the-crossroad-aesthetics-of-exu-and-pomba-gira-in-rio-de-la-plata/

Y esta es la tapa de Hart, revista de Bélgica.
En Prensa la nota. Ambas las realizó María Carolina Baulo, quien desde Argentina se ocupa de contactar al arte local con los buenos medios de arte extranjeros. Estamos muy agradecidos de que se haya ocupado de nuestro proyecto.

domingo 11 de octubre de 2009

Exús de Cachoeira



Supimos que existen cuando Brasil hizo la muestra del Redescobrimento en el 2000. Algunos años después pudimos dar con ellos en un viaje al Reconcavo bahiano. En Cachoeira está también la Irmandade da Boa Morte, y se hace una gran fiesta de Sâo Joao. Estos exús miden unos 14 cm, son de barro cocido y pintado. Algunos tienen una pezuña de cabra, otros no, fuera de ello mantienen una clara serialidad. En Cachoeira también se hacen barcas tripuladas por exús: de barro cocido, están preparados para recibir una población de exús que los desbordan.
Realiza estas figuras actualmente Florisvaldo, heredero de la tradición de una familia de la zona ligada a los más antiguos candomblés. La creación de estos exús data de al menos 50 años atrás, tiempo en que 3 hermanos de este clan los empezaron a realizar en el marco de una inspirada obra dentro del campo del arte popular.

jueves 17 de septiembre de 2009

Puntos de fierro de kimbanda

Los altares de kimbanda (aruandas) guardan los asentamientos que representan a cada exú y pomba gira de los hijos de la casa. En algunos de ellos se opta por representar a cada espíritu con imágenes de yeso, mientras que en otros se utilizan piezas de hierro con la "firma" de cada entidad. Estos son algunos de ellos, parte de una colección que estamos formando y queremos ampliar.
Las firmas son derivados de ideas y estéticas congas, con incorporaciones herméticas y cristianas.

Punto de fierro diseñado por el Babalorisá Milton Acosta, director del Ilé Àsè Opo Aganju de Montevideo.

Punto de fierro diseñado por el Babalorisá Milton Acosta, mide cerca de 80 cm. de alto.

Diseño de Graciela Cánepa, de Montevideo.

domingo 30 de agosto de 2009

Nuevo formato

A partir de ahora, todas las notas que se ocupan de los libros y las exhibiciones de Arte Brujo van a estar archivadas en la sección de Prensa que aparece a la derecha. Sólo hay que teclear sobre el gato del logo para acceder. Del mismo modo, iremos borrando algunas entradas de prensa que ocupan un espacio en el cuerpo central del blog, el que en verdad preferimos sea más visual.
Gracias a todos los que nos visitan.

martes 11 de agosto de 2009

Dueños de la encrucijada - CC Rojas 2009

El 6 de agosto abrió "Dueños de la encrucijada" en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires. Es la tercera etapa del proyecto, tras la edición del libro ("Dueños de la encrucijada", Editorial Arte Brujo, 2008) y la muestra en el Museo Blanes de Montevideo. Trataremos de subir al blog los comentarios más interesantes que se publiquen. La muestra estará abierta hasta el 30 de agosto, de lunes a sábado de 10 a 20 hs.

La curaduría de la muestra es de Juan Batalla y hay 13 artistas contemporáneos de Argentina y Uruguay participando: Guillermo Srodek Hart, Dany Barreto, Margaret Whyte, Anabel Vanoni, Guillermo Zabaleta, Ángela López Ruiz, Nico Sara, Melina Scumburdis, León Ferrari, Marcelo Bordese, Diego Perrotta, Nora Correas, Gustavo Tabares.



Foto de Srodek Hart y pintura de Diego Perrotta.



Colección de fierros diseñados por distintos religiosos de ambos países y la foto que sirvió de tapa del libro.

Video de Anabel Vanoni, textil de MArgaret Whyte.

Melina Scumburdis y team en medio de la instalación de llaves para Exú.

Milton Paz Montes y Dany Barreto junto a la obra de Dany.

Las obras de Margaret Whyte gustaron mucho.

Gente de Dueños, Alejandro Frigerio y Julieta Eskenazi junto a obra de Nora Correas.

Pai Alfredo de Ogún y la foto de su altar por Srodek Hart.



"Infierno" de León Ferrari, eje del sector posterior de la sala del Rojas.



La escultura funcionó como eje del sector delantero de la muestra.

Obra de Nico Sara y Exú Cobra, figura de yeso comprada en una santería.

Maxi Jacoby, largada de la muestra.



Juan Batalla en el montaje. Mucho por resolver.

jueves 2 de julio de 2009

Agosto 09 - Dueños en el Rojas


"Dueños de la encrucijada", fase exhibición artística, inaugura en el Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038, Ciudad de Buenos Aires, el jueves 6 de agosto a las 19 hs.
Habrá arte litúrgico así como el de artistas contemporáneos de Uruguay y Argentina: Guillermo Srodek Hart, León Ferrari, Dany Barreto, Guillermo Zabaleta, Nora Correas, Melina Scumburdis, Gustavo Tabares, Ángela López Ruiz, Diego Perrotta, Marcelo Bordese, Margaret Whyte, Nico Sara, Anabel Vanoni. Curaduría de Juan Batalla.

domingo 17 de mayo de 2009

El Replicante


Es una revista cultural mexicana que publicó en su número 19 esta nota de Juan Batalla con fotografías de Dany Barreto.


Lenguaje visual de altares populares argentinos

Como mala hierba la religiosidad popular brota donde no es bienvenida, en el seno mismo de un país que produjo y exportó psicoanálisis como uno de sus commodities principales. Y provoca un lenguaje dirigido a que los sentidos codifiquen una serie de datos estéticos destinados, en primera instancia, a establecer comunicación con un ente espiritual, que puede ser cifrado o abierto, y en muchos casos conceptualiza una épica biográfica tanto como ideas abstractas.
Los altares embanderados de rojo implican voluntad de victoria, contundencia fragmentaria. Acaso herencia de tiempos del dictador Juan Manuel de Rosas (1836 - 1852), quien forzó a la población a acatar la "divisa punzó", una rústica cinta de tela roja que debía lucir toda la población a modo de escarapela. El país quedó por entonces dividido en dos facciones que disputaron el poder y lucían símbolos rojos y celestes respectivamente. Estos colores sobreviven en el culto a gauchos fallecidos en circunstancias especiales, y éstos son honrados siguiendo los colores partidarios a los que adscribieron en vida . Pero, curiosamente, los cultos a gauchos identificados con el celeste languidecen. Pierden fervor e incluso son reconvertidos al rojo. Hasta el popularísimo Gauchito Gil parece haber sido víctima de este cambio de divisa post-mortem, ya que las más potables biografías acerca de Gil sugieren su simpatía por los celestes.
Nuestro amigo Farris Thompson plantea en torno a la tradición del uso de enseñas rojas, y del rojo en general en lo que atañe a los cultos populares, una matriz conga; a esa etnia pertenecían la mayoría de los esclavos llegados a Argentina, que en un momento representaron el 30% de la población del país; el rojo transmitía ideas claves en su cultura. Aunque también hay que observar la tradición italiana, importantísima corriente inmigratoria en el país, quienes en zonas rurales pintan las puertas de sus hogares de rojo como recaudo contra el "mal de ojo".
En Empedrado, pueblo del litoral argentino, una baliza de automóvil de forma triangular protege con rojo brillo la puerta de una construcción precaria dedicada al Gauchito Gil. Advierte de peligro, explícitamente llama la atención acerca de la potencia de la entidad allí conjurada, evocando estéticas de talismanes dotados de espejos que rechazan a los intrusos y advierten, severos, al modo de los utilizados en el vudú haitiano. Es el reflejo del espíritu, destello que activa una épica diferencial. Los espejos retrovisores de automóviles particulares, taxis y ómnibus suelen también alojar altares con rosarios y cintas: roja contra la envidia, o blanca, roja y verde para simbolizar a San Jorge, patrono de los transportes.
Otro personaje del siglo XIX, la Difunta Correa, que debió fugar a través del desierto con su hijo a cuestas, exhibe características visuales peculiares. Sus adoratorios se hallan a la vera de muchas rutas. En ellos se desarrolla y resuelve en tiempo mítico el drama que constituye la tripa de su historia. Además de las ofrendas de botellas de agua, elementos para bebés y patentes y neumáticos de automóviles, podemos encontrar a veces objetos únicos como una servilleta de papel impresa expresamente para servir en un cumpleaños infantil que hallamos en un altar de Tucumán: exhibía a Mickey y a Minnie (niños) viajando en auto (un medio de transporte) bajo palmeras (presencia de agua y sombra).
El culto a San La Muerte, tradición de raíz jesuítico - guaraní, vertebra en figuras de adoración estéticas que van desde lo figurativo tradicional, que consiste en tallas de esqueletos, hasta variantes sumariamente abstractas que pueden ser apenas una astilla del cajón de un muerto. Dentro de la vertiente figurativa se distingue entre esqueletos de madera o hueso con factura cercana a la imaginería tradicional de la zona y otros contaminados por imágenes propias del heavy metal y películas de terror. Los abstractos apenas semejan figuras reconocibles, y comunican la presencia de un misterio acaso más íntimo e insondable.
Los altares populares generan una transmisión visual que no siempre es domada por el comercio seriado destinado a satisfacer los íconos más obvios. E instalan valores e historias marginadas que producen un tramado distintivo del que se nutren las artes visuales, como lo hiciera Antonio Berni ( 1905 - 1981) con su precursora instalación dedicada a la Difunta Correa en 1971, y hoy lo hacen numerosos artistas contemporáneos argentinos.

Juan Batalla

viernes 1 de mayo de 2009

Dueños en el Museo Blanes

El 28 de abril del 09 abrió Dueños de la encrucijada en el Museo Blanes de Montevideo, con invitados varios de ambos países. La curaduría es de Juan Batalla y los artistas que participan son León Ferrari, Dany Barreto, Margaret Whyte, Ángela López Ruiz, Anabel Vanoni, Guillermo Zabaleta, Diego Perrotta, Marcelo Bordese, Guillermo Srodek Hart, Melina Scumburdis, Gustavo Tabares y Nico Sara.
La sala Dumas Oroño con la instalación de Ángela López Ruiz, bastón de Gustavo Tabares y Exú Cobra.
En el nicho al final del pasillo videos de Ángela, Guillermo Zabaleta y Anabel Vanoni.
La muestra se desarrolla en 3 espacios diferenciados. Acá obras de Diego Perrotta y Nico Sara.
Con Gabriel Peluffo, Margaret, Roberto y Melina.
Lacy Duarte!
Margaret Whyte y su obra.
Manuel Rodríguez, Ángela López Ruiz.
Donners.
Fernando Loustaunau, Guillermo Hart.
Gustavo Tabares haciendo ajustes sobre su obra.
Confluencia entre la instalación de Melina Scumburdis y la obra de Tabares.
Exú La Murciélaga, instalación de Dany Barreto.
Dany y la Murciélaga sobre colchón de pipoca preparada en el templo de Pai Milton.
Guillo Hart y el trítico del altar de Alfredo de Ogún.
Foto de Anabel Vanoni y la jaula de León Ferrari de santos custodiados por exús.
Juan batalla, Maxi Jacoby, Clara Encabo.
Batalla con fierros de Exú diseñados por Graciela Cánepa, buenísimos.
Ángela trabaja su instalación con pétalos para Pomba Gira.
Montaje, tuneado fino de la muestra.

Texto de Gabriel Peluffo

Este texto salió publicado en el catálogo de la muestra en Montevideo. Gabriel es el director del museo y un reconocido teórico de arte contemporáneo.

"Uno de los propósitos que ha estado presente en los guiones de exposiciones realizadas en el Museo Blanes ha sido la exploración de las relaciones entre arte y antropología, no solamente como una manera de poner en acto, dentro del museo, una de las aproximaciones disciplinarias más notorias en el mundo académico, sino, sobre todo, como una manera de cuestionar las frágiles fronteras actuales del arte en relación con las estrategias de la crítica cultural, de las prácticas religiosas, de la imaginería popular, de las construcciones de identidad grupal, para las cuales la dimensión estética se torna una cuestión predominantemente instrumental.
En esta línea de política museal recibimos con particular interés la exposición “Dueños de la Encrucijada, estéticas de Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata”, en la cual han trabajado estudiosos del tema, religiosos y artistas plásticos argentinos y uruguayos.
El hecho de que la exposición sea resultado de una tarea colectiva, tiene la virtud de poner en cuestión el concepto de guión curatorial personalizado y de enfatizar la idea de una superposición de estéticas diversas, todas ellas formando parte de la inmaculada sustancia religiosa del material expuesto. Como señala Juan Batalla refiriéndose al propio ritual de ofrenda a Exú, “el éxito de la operación que se lleva a cabo depende tanto de la intención como de su propio desarrollo visual”, es decir, depende tanto del sentido de la ofrenda como de su propia presentación formal ante la divinidad. Este hecho supone una identificación entre la dimensión estrictamente estética y la estrictamente religiosa, al punto que sus respectivas especificidades quedan desdibujadas frente al común denominador instrumental: lograr el éxito de la ofrenda.
Desde el punto de vista museográfico, este problema genera un interesante desafío, ya que los materiales expuestos se ajustan a un doble cometido: por un lado exponerse ante Exú y Pomba Gira como parte de un ritual religioso y no museográfico, pero por otro lado, ser leídos como objetos estéticos en el marco de un museo de arte. Esta es la tensión conceptual más significativa que subyace en “Dueños de la Encrucijada”. Tensión que remite, por otra parte, a la situación del visitante al museo como un “observador participante”, según la celebrada frase de Levy Strauss para referirse al modus operandis del antropólogo. En efecto, el observador no comprometido religiosamente con los objetos de culto que observa, mantiene una distancia crítica con respecto a ellos muy diferente a la del visitante comprometido, o al menos “enterado”. Esto hace que la muestra convoque un juego de miradas complejo en el cual el aura del objeto es asumido como un atributo tanto estético-formal como religioso-moral. Esta “manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que ella pueda estar” (W. Benjamín) será ahora percibida desde situaciones culturales y sociales diferentes. La apuesta simultánea a la diversidad y a la colectividad de la mirada es asunto propio de una museología más preocupada por las construcciones identitarias que por las consagraciones de la historia del arte."

Gabriel Peluffo Linari
Director Museo Blanes

Texto de Juan Batalla

Estéticas de Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata


Exú y Pomba Gira son Entidades espirituales celebradas en los cultos de raíz africana, un aspecto de la cultura regional largamente invisibilizado que entre la incomprensión y el descrédito sigue creciendo a espaldas de todos, a borbotones, en las ciudades y los suburbios en que estas se difuminan. Existe en este campo una identidad en común muy marcada entre Buenos Aires y Montevideo, abonada por constantes intercambios, viajes e influencias entre sí de religiosos de ambos países, que mayormente, aunque no todos, reconocen como fuente histórica de su práctica a Porto Alegre y otras ciudades de Brasil. Y establecido tal eje cultural y geográfico, un fenómeno en particular resulta acaso la foto más fiel del presente: es la expansión del culto a Exú y Pomba Gira, la kimbanda, llegada de Brasil y resignificada en Uruguay.
Dos aspectos de la misma Entidad espiritual, Exú y Pomba Gira son Exú Macho y Exú Mujer.
Exú, uno de los orixás o deidades llegados a América con los esclavos africanos, fue alterando su identidad hasta que, merced a cierta hipertrofia o crecimiento desmedido del organismo ritual, terminó por generar un culto aparte. Y si los demás dioses encontraron su identificación en figuras católicas como santos, vírgenes y hasta Jesús, dentro de un fenómeno conocido como sincretismo, el papel que les tocó a Exú y a Pomba Gira no fue otro que el de diablos.
En esta exhibición, expresamente recortado del resto del vasto panteón de deidades de cuño afrolatinoamericano, observamos a Exú en su multiplicidad contradictoria, en su identificación como espíritu pero también como orixá o deidad, para terminar de abrir las compuertas a la riqueza compleja de las artes derivadas de una teología contemporánea.

Nuestra aproximación a estas cuestiones desde la perspectiva de las artes visuales se estructura mediante las fotografías de altares de Guillermo Srodek Hart, obras de artistas contemporáneos de ambos países que trabajan en relación al tema y la presentación de algunas piezas de arte litúrgico.
Las fotos de Srodek Hart, cuyo registro aprovecha la hondura de la imagen que proporciona una cámara de 4 x 5 pulgadas, fueron realizadas pensando en exponer la diversidad de resoluciones estéticas que presentan los altares elegidos; estos son reflejo de tendencias y estilos propios de la personalidad de sus autores, religiosos que se evidencian así como artistas por derecho propio mediante sus contundentes instalaciones.
Los artistas contemporáneos que exhibimos coinciden desde sus diversos procesos. Ellos son Dany Barreto, Marcelo Bordese, Nora Correas, León Ferrari, Ángela López Ruiz, Diego Perrotta, Nico Sara, Melina Scumburdis, Gustavo Tabares, Anabel Vanoni, Margaret Whyte, Guillermo Zabaleta. Algunos están comprometidos con la temática de modo directo y realizan obras que son el correlato de sus vidas religiosas, otros la reconocen como un hecho cultural que los inspira y están los que exhibimos por hallarse instalados en caminos coincidentes. Hay una circularidad conceptual entre todos ellos, así como una necesaria deriva de sentidos. Sus trabajos reflejan distintos aspectos del fenómeno: Exú y Pomba Gira son sexo, generación, comunicadores, transgresores, llaves, el perro, malandros, demonios, bellos, irónicos. Muchas de tales características pueden leerse en estas obras.
Y al mostrar piezas de origen ritual apuntamos tanto a exponer un arte de peculiar registro como a reflexionar acerca de las maneras de hacerlo. Tenemos piezas semianónimas y otras seriadas que señalan en dirección de las formas al servicio de un concepto.

Contextualizando, la escena del arte actual ha digerido ya la presencia explícita del tema afrorreligioso en la obra de muchos artistas internacionales, comenzando por Wifredo Lam, Rubem Valentim y llegando a José Bedia, Belkis Ayón, Ana Mendieta, Jean-Michel Basquiat, Mario Cravo Neto. En cuanto al Río de la Plata, sobre la transmisión realizada por la población africana que resulta base del tango y de otros aspectos de la cultura de ambas orillas, tal como registrara Pedro Figari, es que se asienta la umbanda llegada de Brasil a mediados del siglo XX. Entonces ya tenemos a Exú por aquí. No es extraño que haya crecido arte a su sombra.
El arte de Exú y Pomba Gira exhala una poética que es fruto de la relación con un misterio y despliega claves para comprender aconteceres que ya forman parte de la cultura rioplatense. Parido por una cosmovisión y una práctica y transformado en la deriva para conformar un continuo estético diferencial.




Juan Batalla

Texto de Milton Acosta

Este texto fue publicado en su muy recomendable blog por el Baba Milton Acosta.



"Eshu en el Museo Blanes"


Ayer fue inaugurada la muestra “dueños de la Encrucijada” en Montevideo, más precisamente en la hermosa casona que administra Gabriel Peluffo Linari para el Estado pero con escasa atención y medios del Estado. Es decir: al Estado le interesa que haya un flujo cultural pero no tanto como para dotar a los gestores de cultura de medios para hacerlo. Uruguay conserva sus rasgos más típicos de poco pan y mucho circo.

Pero decía que Eshu -ese niño terrible que a veces es confundido con el demonio tan exquisitamente descrito por las iglesias cristianas, pero que nada tiene que ver con ese personaje pues no pretende la aniquilación del hombre sino su realización- sentó sus reales en ese lugar tan magnífico con parque incluido que tenemos los montevideanos a escasos minutos del centro.

El responsable de esta muestra es Juan Batalla. Artista plástico, editor, fundador de Arte Brujo con Dany Barreto, gran amigo y connaisseur impactado por esta divinidad africana transmutada en espíritu de malandraje y marginalia en estas tierras americanas. Un espíritu irreverente a veces, cuya misión es obligar a tomar decisiones, partido o rutas hacia la felicidad que no vacila en travestirse –por algo es uno pero miles- en la concreción de su tarea. Así, eshu y pombogira –su ser femenino, su mitad indispensable para la vida humana- plantean disyuntivas capaces de hacer tambalear al más fuerte y para ello se sirven de una estética determinada en el ámbito del Río de la Plata que el curador ha captado tan bien tanto en el libro “Dueños de la Encrucijada” como en esta muestra que ha quedado abierta. Lejos del abigarrado muestrario del libro donde las imágenes se superponen y redondean los textos, la muestra ha elegido algunas obras de entre tantas e inclusive algunas que no aparecen en el libro que motiva la exposición.

Impacta ya antes de entrar propiamente a la sala mayor la instalación minimalista de nuestra compatriota Ángela López Ruiz: un círculo de pétalos de rosa que cubre una capa de azúcar como homenaje a pombogira, el eshu mujer. Es que indudablemente en esa simple figura espacial plana detenida en la tierra subyace el misterio de ese femenino insondable que invita a sumergirse a través de ella hacia un plano debajo de lo visible donde espera la transgresora, riendo a carcajadas de la pacatería judeocristiana.

En el acceso a la sala principal nos recibe una de las espléndidas fotografías de Guillermo Srodek Hart que inmortaliza un altar –un espléndido altar, por cierto, al que tuve el privilegio de rendir homenaje en Floresta, Buenos Aires, y que pertenece a la familia de eshu del bàbá Alfredo de Ògún- sustrayéndolo del ámbito natural, el religioso, para convertirlo en un objeto de arte donde cada detalle acerca al espectador no enterado a la virtualidad de la magia afro brasileña.

Entre todas las preciosidades de esta muestra singular quisiera destacar la instalación de Dany Barreto, que me impactó simplemente. Quizá yo la hubiese puesto enfrentada a la puerta de acceso a esa sala larga y angosta: ubicada allí obligaría –como eshu- a tomar la crucial decisión de rodearla para poder entrar a ver el resto, ya sea por la derecha o por la izquierda, pero propondría inevitablemente la necesidad de elección. Rodeada de banderillas rojas de papel cortado –tan comunes en los techos de los terreiros brasileños, el adorno simple y económico de los artistas “pobres” que han creado la “riqueza” de nuestras variantes religiosas, se encuentra “la Murciélaga” negra nigérrima echada sobre un blanco lecho de pipocas… Barreto ha captado a la perfección la tricromía del culto particular de eshu, la kimbanda, y la ha aplicado magistralmente a su obra en exposición. Recurrente en su obra, la Murciélaga es una perra del artista que, como eshu, siendo una se multiplica a través de sus creaciones siendo diferente cada vez aunque en esencia sea la misma. Cancerbero monocéfala, custodia la entrada a ese mundo que impacta a través del color, la forma y la invasión del espacio, y por cierto dentro de la más absoluta tradición iniciática en la que el perro es uno de los más conocidos animales psicopompos.

En síntesis, por un lapso que durará hasta la primera quincena de junio, eshu y pombogira se han instalado en el Museo Blanes por medio de aquello que sugieren a aquellos artistas que dotados de visión desprejuiciada, han podido encontrarles en una obra desenfadada, riquísima y subversiva. Tal vez, un puente abierto para una sociedad plagada de temores ante lo desconocido y que no osa hacer sus elecciones.

sábado 18 de abril de 2009

Dueños en Montevideo


El martes 28 de abril a las 19 hs. inaugura en el Museo Blanes, Avda. Millán 4015, "Dueños de la encrucijada". Se trata de una exhibición de artes visuales acerca de las estéticas que genera el culto a Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata.
Está formada por un cuerpo de fotografías de altares de Guillermo Srodek Hart y obras coincidentes con la temática realizadas por artistas visuales de Uruguay y Argentina. Ellos son León Ferrari, Dany Barreto, Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, Gustavo Tabares, Margaret Whyte, Anabel Vanoni, Diego Perrotta, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese y Nico Sara. Se exhiben también algunos objetos de arte litúrgico. La curaduría general va a cargo de Juan Batalla.
Se aúnan para llevar a cabo esta muestra el Centro Cultural Rojas, Editorial Arte Brujo, Transportes Mercovan, el Museo Blanes, su Asociación de Amigos, la Intendencia Municipal de Montevideo y el Gobierno de la Ciudad de BsAs.
Luego de presentarse en Montevideo, "Dueños de la encrucijada" inaugurará en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires el 6 de agosto.

sábado 21 de febrero de 2009

CONVOCATORIA IEMANJÁ
La Editorial Arte Brujo (www.coleccionartebrujo.blogspot.com) realiza una convocatoria abierta cuyo fin es el de documentar imágenes acerca de Iemanjá para la posible inclusión en una edición impresa y/o muestra.
Las fotos pueden ser acerca de fiestas en playas, barcas, altares, celebraciones en templos, documentación de obras de arte de todo tipo relativas a Iemanjá e imágenes que de un modo u otro la conceptualicen al modo de ver de quien las envía.
Nos interesan fotografías de cualquier parte del mundo y de cualquier época, hechas por artistas con trayectoria o no. No hay limitaciones.
Invitamos a que nos envíen imágenes de menos de 300 Kb, pero en todos los casos debe existir también una versión en 300 dpi, que permita que sean impresas. Pueden enviarnos una (1) sola ó hasta tres (3), aunque pueden también informarnos acerca de la existencia de más material, si es el caso.
Precisamos que a las imágenes enviadas adjunten: nombre del artista, nombre de la obra (de tenerlo), año, lugar. De existir, también un curriculum o dato biográfico, y cualquier otro dato que consideren pertinente. Si hubiesen fotos no digitales, tengan a bien informarlo para que podamos darles una dirección postal a la cual dirigirlas.
Las imágenes nos serán enviadas vía mail a la dirección sietebatalla@yahoo.com.ar a partir del 21 de febrero de 2009.
Gracias. Ojalá salga bueno!

Juan Batalla / Dany Barreto
(Dirctores de la Colección Arte Brujo)
www.coleccionartebrujo.blogspot.com

domingo 4 de mayo de 2008

DUEÑOS DE LA ENCRUCIJADAAltar de kimbanda de Babá Alfredo de Ogún. Tríptico fotográfico de Guillermo Srodek Hart. Las fotos fueron tomadas con una cámara de placa y tienen una profundidad notable.



Exú Tirirí del Pai Alberto Tata con el libro. Fotos de Alejandro Frigerio.





Colección de exús de fierro.



Armando Vallado, Milton Acosta, Reginaldo Prandi, Juan Batalla y Alejandro Frigerio en la presentación de Dueños en el Centro de Estudios Brasileiros (Funceb) jueves 17 de abril.







Armando Vallado es sociólogo paulista y también babalorixá. Apertura de la presentación a su cargo el jueves 17 de abril.



Exús y pombagiras en la Santería Colonial de Montevideo.




Oduduwa, grupo de danza, performa en el Rojas en la presentación de Dueños de la encrucijada el 8 de abril.




Maxi Jacoby, Ángela López Ruiz, Julieta Eskenazi, Alejandro Frigerio y Juan Batalla en la presentación en el Rojas, el 8 de abril.



Performance de Guillermo Zabaleta. Centro Cultural Rojas.








Videoarte de Anabel Vanoni, "Encrucijada", en la presentación en el Rojas, el 8 de abril.


"Laroie", videoarte de Ángela López Ruiz, en la prersentación en el Rojas, el 8 de abril.






" MÁQUINA KIMBANDA" (fragmento)
por Juan Batalla


"Tá chegando a meia-noite
Tá chegando a madrugada
Salve o povo da kimbanda
sem Exú nao se faz nada"
(Llamada a Exú)

La kimbanda es el rito más característico que en Uruguay y Argentina se dedica a Exú.
En las ceremonias, el pai o mae de santo y sus hijos espirituales reciben a María Padilla, Pomba Gira Maleva, Tata Caveira, Zé Pelintra. Conlleva una indagación profunda acerca de un enigma, pero también acerca del hecho humano. Es que las personalidades de los espíritus que se presentan en el trance de los mediums son las de individuos que ya pasaron por este mundo y que traen al terreiro algo de la personalidad que ha caracterizado sus vidas anteriores.
Es tiempo de que la carne se torne altar, de que se constituya ante los ojos del público el torbellino de Exú en la Tierra.
Según Roberto Calasso "En el mundo griego la posesión es central. En el mundo actual obviamente puede ser central en los manuales de psiquiatría, pero no es reconocida. Esto no significa que no actúe como antes, aún más que antes, porque es parte de la respiración de nuestra mente. Actúa bajo otros nombres, enm una vida clandestina que hasta puede ser peligrosa".
Cuando los cuerpos comienzan a temblar, a girar y acomodan el andamiaje biológico a la experiencia de recibir un espíritu, el tiempo se disuelve y la rueda de una mitología es vuelta a poner en movimiento. Los tambores y los cantos específicos apremian a los exús y pombagiras a tomar cuenta de su gente, del "pueblo del ritual".
Los comportamientos que entonces se observan mezclan elementos estereotipados con otros que hacen a la improvisación. Veremos exús y pombagiras con gran "dominio de escena", y a otros aún faltos de carisma. Es que las Entidades evolucionan con los años de ser recibidas en Tierra. Y, a su vez, existen unas con mayor desenvolvimiento natural que otras. Ambas cosas hacen a los caracteres que se despliegan en la noche de kimbanda.
Hay espíritus jocosos, y otros atemorizantes, locuaces o sensuales. Conceptualmente, además de servir a su propia necesidad de relación con este alter-ego que es su exú o pombagira, los hijos reciben a las Entidades para que Ellas trabajen con la asistencia kimbandera, dándoles limpiezas de sus cuerpos astrales, consejo y una perspectiva diferente para continuar sus vidas. Pueden hacerlo explícitamente, o provocar una alteración vibracional en el ambiente mediante su mera presencia.
Adoptada la idea de que los exús y pombagiras performan, al modo de los actores y artistas contemporáneos, es interesante leer al teórico y director teatral Eugenio Barba, cuando dice que "actuar es intervenir en el espacio y en el tiempo para cambiar y para cambiarse". Los exús improvisan, y actúan a la vez siguiendo la precisión de un diseño o de una partitura. Siguiendo a Barba, él aún menciona "la transformación de la prosa en poesía". Y esto es lo que sucede cuando estamos ante exús consumados, espíritus con mucho tiempo de ocupar el cuerpo de sus médiums. Llegan con un giro y una carcajada para performar intensamente durante las cerca de cuatro horas que lleva la fiesta. Exús y pombagiras arden, consuman, revelan. En la noche terminan por surgir sus temperamentos particulares, las biografías y nostalgias. A veces, las Entidades son explícitas al dar a conocer sus historias personales.
Exú y Pomba Gira llegan indistintamente a personas de uno y otro género. Cada iniciado en la kimbanda está vinculado a uno y a una en particular. Aunque en el trance ambos pueden ser recibidos, la mayoría incorpora con preferencia a uno solo de ellos. Las ceremonias se inician con los participantes ya vestidos con las prendas básicas que caracterizan a su Entidad. Y cuando éstas bajan, el arreglo estético se completa con algunos elementos como capas o sombreros. La transformación visual genera una extrañeza que, desarrollada luego siguiendo un desaforamiento pautado, articulan un "mood" o tono para la kimbanda. Adornados por los brillos dorados y plateados incorporados a sus faldas, o vibrantes del espesor del negro matizado por el interior rojo de un traje, la gira los trae y los lleva. A veces la hibridez de género, la inversión ritual, profundizan el misterio espiritual que se desarrolla ante nosotros, y que cual oxígeno precisa de un alejamiento de la imagen y de los roles de la cotidianeidad. El corazón de la kimbanda puede contener y dar un marco coherente a travestidos y drag queens de la vida real. El cuerpo como altar es también una herramienta para fortalecer la identidad. Y un altar, cualquier altar, es también un tratado acerca del poder.
La necesidad expresiva puede llevar a que ciertas correspondencias lógicas sean alteradas. En todo caso, el de Exú es territorio de transgresión. Así que podemos relajarnos y ver cómo un hombre que incorpora el espíritu de una gitana utiliza un vestido negro para mayor efecto dramático; cuando en el plano ordinario, sería rarísimo ver a una gitana tradicional vistiendo ése color.
Las letras de los cantos o "puntos cantados" en una fiesta de kimbanda, son casi todas en idioma portugués. Es interesante entonces pensar lo que sucede en torno a la relación que sostienen los rioplatenses con Brasil. Mientras se propugna desde la intelectualidad la necesidad de tender puentes culturales con respecto al gran país de tal peso específico, e incluso entre los curadores de arte contemporáneo se busca establecer contactos y hasta pensarlos retrospectivamente, por ejemplo, entre el concretismo paulista y el madí porteño, resulta que a un nivel muy popular la umbanda viene realizando exitosamente esta operación desde hace años sin que nadie parezca tomar cuenta de ello.
La kimbanda se sitúa en una deriva lingüística que es un territorio muy fértil artísticamente: el de la frontera del portugués y el español, en algunos casos con asociaciones tupís. Es una senda afín a la que recorren un poeta como Wilson Bueno, o algunos trabajos en el campo de la canción popular de Liliana Herrero.
La palabra, en el reino de las encrucijadas, ramifica en fala híbrida. Los exús y pombagiras incorporados hablan con distintos grados de destreza el portugués, y también de ese modo señalan jerarquías. Y se realiza otra introducción clave: una cantidad de palabras de origen africano, particularmente yoruba, kongo y fon. En verdad, algunos religiosos brasileños hablan fluídamente lenguas africanas. Pero hoy en día en Argentina y Uruguay pocos mantienen un conocimiento profundo de ellas., aunque algunos templos que tienden a la reafricanización trabajan con empeño en el sentido de mantenerlas o recuperarlas. El yoruba que, fuera de la kimbanda, se utiliza en las religiones afrolatinas, es uno arcaico, un equivalente al español cervantino, en comparación al yoruba moderno que se habla en Nigeria.
Esta lengua acarrea indudablemente una hondura, una intensidad precisa, pero de significaciones abiertas y bella sugerencia: "A jí kí ire ni Esu, Esu ka bí ka bí!" / "Nos despertamos y saludamos gozosos a Eshú, pues Eshú nos cuenta (cada día) como nacidos, Eshú nos considera (cada día) recreados".
El origen de estos versos se pierde en el tiempo, mientras que los compuestos en portugués tienen una data muy cercana. Los versos de los cantos son laudatorios del poder de Exú y Pomba Gira, y por lo general en forma simple enuncian sus hazañas y también la formidable capacidad que poseen de hacer justicia e imponerse sobre los enemigos. Utilizan rimas y onomatopeyas, frases que traen el kirikí del gallo y el sonar de campanas.
La improvisación y el juego son la mejor prueba de que Exú está entre nosotros. Por lo que un ritual estático se vuelve enseguida obsoleto y vacío de significado. Pese a ser habitualmente denostado por algunos de sus pares por haberse apartado de la ortodoxia, consideramos que el kimbandero es consciente de esto y por ello ha hecho de este espacio, dentro de la religiosidad africanista, aquél en el cual la dinámica de los tiempos corrientes dialoga mano a mano con un misterio pretérito.
Margaret Thompson Drewal sostiene que "ashé es el poder de los performers de generar espectáculos rituales, o mejor dicho, rituales espectaculares". Y en verdad, nada define mejor a aquello que asistimos en una noche de kimbanda. Si en estos tiempos el arte tiende a integrar sus distintos campos, y la escultura y la danza, la música y la actuación se superan en un acuerdo mayor integrador, aquí tenemos presentes todos estos elementos más un viraje de aliento del infinito.
"Los yorubas conciben al espectáculo como una dimensión permanente y extramundana que, hasta que es revelada por actores con conocimiento, es inaccesible a la experiencia humana". Según Thompson Drewal, el espectáculo se encuentra en el más allá, y los performers periódicamente lo traen hasta el mundo, con el objetivo de que sea contemplado y experimentado, y así transforme a quienes asisten a él.

domingo 23 de marzo de 2008

Arte Brujo y el Centro Cultural Rojas - UBA invitan a la presentación del libro
Dueños de la encrucijada, de Colección Arte Brujo.


Martes 8 de abril . Centro Cultural Rojas
Presentación a cargo de Máximo Jacoby (curador y coordinador de Artes Visuales del C.C.Rojas), Juan Batalla (co-director de Arte Brujo y curador de "Dueños de la encrucijada"), Alejandro Frigerio (antropólogo especializado en el universo afrocultural), Ángela López Ruiz (artista visual uruguaya con foco en la ritualidad africanista) y Julieta Eskenazi (co-directora del grupo de danza Oduduwa).
Realización de la performance Elegbé por Guillermo Zabaleta (artista visual uruguayo).
Set de danza a cargo del grupo Oduduwa.
Proyección de los videos Laroie de Ángela López Ruiz (artista visual uruguaya) y Encrucijada de Anabel Vanoni (arista visual argentina).

Jueves 17 de abril . Fundación Centro de Estudios Brasileiros
Presentación a cargo de Reginaldo Prandi (sociólogo y autor brasileño), Alejandro Frigerio y el Babalorisa Òséfunmi ti Sàngo Bàáyin ( Milton Acosta, sacerdote y autor uruguayo).
Canto de apertura por el Babalorisa Armando Akintunde de Ogum (Armando Vallado, sociólogo y sacerdote brasileño).
Proyeccción del mediometraje "Dança das cabaças" (Kiko Dinucci, Brasil, 2006, 50´).



DUEÑOS DE LA ENCRUCIJADA
Estéticas de Exú y Pomba Gira en el Río de La Plata
Colección Arte Brujo
Dirección: Juan Batalla - Dany Barreto


El tema de "Dueños de la encrucijada" es el de un análisis artístico, antropológico y poético acerca de un aspecto del fenómeno religioso africanista en el Río de la Plata, el culto a Exú y Pomba Gira. "Dueños de la encrucijada" contiene diversas aproximaciones visuales y literarias que indagan en la riqueza de una realidad cultural incomprendida y provocadora.Y que, en medio del desconocimiento, florece a la vuelta de la casa de cada uno; en los suburbios y en el centro de las ciudades.

Altares del terreiro del Babá Walter de Oxalá. Ciudadela, Bs.As. (Foto: Srodek Hart)



Exú y Pomba Gira
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Son Entidades espirituales que integran el complejo panteón religioso africanista.
En "Dueños de la encrucijada" trazamos un deliberado recorte para observar la riqueza y personalidad que emana de su culto.
El de Exú es un registro transgresor, que da inicio y dinamiza todo ciclo; es la masculinidad misma. En tanto que Pomba Gira es Exú en su polaridad femenina.
Exú, uno de los Orixás o dioses llegado a América con los esclavos negros, fue alterando su identidad hasta que, merced a cierta hipertrofia o crecimiento desmedido de una parte del organismo ritual, terminó por generar un culto aparte llamado Kimbanda. Esta es la celebración espiritista de Exú y Pomba Gira, un rito que se expande día a día y constituye un fenómeno distintivo que abarca particularmente al sur de Brasil, Argentina y Uruguay. Fenómeno en movimiento, la Kimbanda es un work in progress, la fundación de una teología contemporánea.
Y si los demás dioses encontraron su identificación en figuras católicas como santos, vírgenes y hasta Jesús, dentro de un fenómeno conocido como sincretismo el papel que les tocó a Exú y a Pomba Gira no fue otro que el de diablos. Un detalle más que forma parte del mito y agrega a las estéticas de una cosmovisión en la que el bien y el mal son caras de la misma moneda.





El Centro Cultural Rojas - UBA y Arte Brujo
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El Centro Cultural Ricardo Rojas dependiente de la UBA, cuya coordinación general llevan adelante José Miguel Onaindia y Cecilia C. Vázquez, mientras que la de artes visuales está a cargo de Máximo Jacoby se asocia para co-producir "Dueños de la encrucijada" junto a Arte Brujo, cuya idea y dirección pertenecen a Dany Barreto y Juan Batalla.


Vidriera de la Santería Llama Sagrada. Montevideo (Foto: Srodek Hart)




Dueños de la encrucijada, el libro
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"Dueños de la encrucijada" es una edición de 148 páginas a cargo de Editorial Arte Brujo. Se trata de un desarrollo conceptual acerca de las estéticas del culto a Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata. Contiene ensayos de: Alejandro Frigerio, Milton Acosta, Juan Batalla, Reginaldo Prandi, Amalia Sato, Susana Andrade , fotografías de Guillermo Srodek Hart e imágenes de obras de artistas contemporáneos de Uruguay y Argentina (Anabel Vanoni, Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, León Ferrari, Diego Perrotta, Nora Correas, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese, Nico Sara, Gustavo Tabares, Margaret Whyte).

Detalle de instalación de llaves; Centro Cultural Recoleta, Cdad. de Bs.As., 2006. Melina Scumburdis

Los autores: Alejandro Frigerio [argentino, es doctor en Antropología por la Universidad de California en Los Ángeles e investigador del CONICET. Hace veinticinco años que investiga temas relacionados con la cultura negra y las religiones afroamericanas. Ha publicado numerosos trabajos en revistas académicas de diversos países. Algunos de ellos han sido compilados en su libro Cultura negra en el Cono Sur (Bs. As., 2000). Participó en Salvavidas (Colección Arte Brujo, 2003)]; Milton Acosta [uruguayo, es sacerdote africanista y autor de libros de contenido teológico como "Contribución al estudio de Eshú", "Batuque" e "Ipàdé". Su templo, que cultiva arraigadas tradiciones rituales, es material de estudio para investigadores sociales que lo ven como una fiel reserva cultural de las religiones de origen africano]; Juan Batalla [argentino, artista visual y co-director de la Colección Arte Brujo. Curador de la exhibición "Dueños de la encrucijada"]; Amalia Sato [argentina, profesora en letras y editora de "Tokonoma, traducción y literatura". Investigadora en la sección de Asia y África en la FF yL, UBA. Dirige la colección "Narrativa / Tokonoma" en la editorial El cuenco de Plata]; Susana Andrade [uruguaya, es sacerdotisa africanista. Es una reconocida militante social por los derechos de las minorías con destacada actuación política. Creadora y directora de Atabaque, periódico afroumbandista con una trayectoria de diez años.]; Reginaldo Prandi [brasileño, especializado en Sociología de la religión y estudios afrobrasileros. Autor con una cantidad de libros publicados, entre ellos "Mitologia dos orixás" (2000), "Cittá in transe" (1993), "Herdeiras do axé" (1996), "Os candomblés de São Paulo" (1991).]

Cuarto de Pomba Gira de Pai Alberto Tata (Foto: Srodek Hart)



Las imágenes: Guillermo Srodek Hart (argentino, 1977, residente en Boston), realizó una serie de tomas de altares, estantes de santerías y ceremonias africanistas en Montevideo y Buenos Aires. La serie se conecta con su mirada acerca de altares ruteros y acumulaciones arquitectónicas desarrollada anteriormente. Dany Barreto y Alejandro Frigerio completan el panorama fotográfico de la edición.


S/T; obra textil de la serie "Pliegues". Margaret Whyte

Los artistas contemporáneos: son artistas visuales de Uruguay y Argentina, avanzando en el proyecto de descubrir identidades regionales alrededor de hechos culturales poco reconocidos. Por Uruguay, son Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, Gustavo Tabares y Margaret Whyte; por Argentina Anabel Vanoni, Diego Perrotta, León Ferrari, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese, Nora Correas, Nico Sara.

- "Elegbé", 2007; registro de performance. Guillermo Zabaleta


Colección Arte Brujo
Dirección: Juan Batalla - Dany Barreto
Presentación: 8 de abril en el Centro Cultural Ricardo Rojas.

martes 18 de septiembre de 2007

SAN LA MUERTE una voz extraña


Al encarar la dirección de este proyecto, la primera lectura que hicimos fue la de que nos encontrábamos frente a un núcleo de experiencias estéticas, mágicas y psicológicas superpuestas, una acumulación sin fin de sustratos que se alimentan, niegan, afirman y modifican entre sí. Comprendimos que nunca como en este caso, ante el grosor de conceptos y las honduras ritualísticas de San La Muerte, profundizar en algunas de sus manifestaciones artísticas resultaba la aguja adecuada para atravesar lo que iba descubriéndose con insólita fuerza frente a nuestra mirada.

La alegría de poder exhibir obras de artistas con una frescura como la de Aquiles Coppini, y la de tantos imagineros, orfebres y tatuadores de la Guaranía, es muy grande. Y el privilegio de haber reunido a estas voces ora contrapuntísticas ora complementarias para hilar este relato, también.
Marita Carozzi y Daniel Míguez, antropólogos, eran las personas idóneas para hacer pie en terra incognita y, justamente, señalar hacia la multiplicidad de lecturas posibles; el hallazgo del relato de Walsh nos despertó la certeza de la necesidad de que esté incluido en este libro; Gustavo Insaurralde habla desde la crítica artística, y resulta imprescindible en su propósito; la prosa y la visión personalísimas de Horacio González ponen al negativo las lecturas sobre el tema, realizando un registro del registro de la imagen; Aurelio Schinini, con su conocimiento acerca de lo que se habla a media voz acerca del santito, nos sedujo de modo que le insistimos para que escribiera aunque fuera parte de ello; y pensamos que la palabra de Hugo Mujica provocaría una nueva inversión de lecturas, y una cadencia necesaria para cerrar el trabajo.
Iván Almirón resultó ser, además del artista con el perfil justo para el trabajo fotográfico, un excelente compañero de ruta durante los días en los que lo realizamos.

En una poesía, Antonio Gamoneda habla de que “hay que conectar, tejer lo que el hombre ignora”. Confiamos en que este tejido compuesto de registros visuales y literarios quizá conecte en algunos, como nos sucedió a nosotros, con la capacidad de conmoción ante la potencia de un misterio.

Juan Batalla / Dany Barreto
Colección Arte Brujo


Pintura mural, Solari, Corrientes, 2004.

lunes 17 de septiembre de 2007

MÚLTIPLES VERSIONES DEL "MÁS JUSTO DE LOS SANTOS"
Por María Julia Carozzi y Daniel Míguez


Juan, 25años, Corrientes, 2004.




El culto a San La Muerte florece particularmente en aquellas regiones en que poblaciones originarias de habla guaraní atravesaron la experiencia de ser “reducidas” en misiones jesuíticas. En esas áreas geográficas las formas de vincularse con el santo son múltiples. Para algunos, San La Muerte ofrece una protección absolutamente personal e intransferible que sólo será accesible a otro cuando -después de la propia muerte- se apodere de la talla. Otros -curanderos y payés-, invocan su poder en favor de clientes y pacientes al tiempo que lo mantienen oculto a sus ojos. Para algunas personas es un santo doméstico que habita en un rincón escondido de la casa y protege sin distinción a todos los miembros de la familia. Otras lo ofrecen a la adoración de promeseros en un altar del que se constituyen en cuidadoras o guardianas y de cuyo mantenimiento se hacen responsables de por vida. Algunas de estas últimas se encargan de organizar fiestas públicas en el día del santo, que para algunos es el 13 y para otros el 15 de agosto.
También son múltiples los poderes de San La Muerte: como casi todos los demás santos populares, recibe ofrendas y, a cambio, otorga favores relacionados con los principales problemas de la existencia humana. Es apto para recuperar el amor, la salud y la fortuna. Protege contra los daños, cura el mal de ojo y trae suerte en el juego. Pero también es claro que algunas particularidades lo diferencian de otros integrantes del panteón popular: libra de la muerte a quien lo lleva tatuado o “incorporado” y puede causar la muerte a los enemigos de sus devotos. Estas propiedades lo han vuelto el santo protector de aquellos que viven vidas violentas, donde el riesgo de morir es frecuente: muchos de los presos de la cárcel de Corrientes, en algunos casos personas vinculadas al delito, la violencia y el riesgo, practican las formas más corpóreas del rito que consisten en incrustarse bajo la piel a un San La Muerte tallado en una bala o en una falange humana y tatuarse su imagen como protección.
La multiplicidad de funciones y prácticas asociadas al santo en los que alguna vez fueron territorios de las misiones jesuíticas no parece ajena al secreto que debió rodear su culto ni a la antigüedad de este (el primer registro escrito de una figura tallada de La Muerte data en el año de 1735 su obtención, realizada mediante el robo a “un indio viejo”). El culto de los huesos, tanto de los grandes shamanes guaraníes como de los niños muertos -que servían a los payés vivos para comunicarse con el mundo de los espíritus-, era perseguido por los jesuitas, quienes no dudaban en encontrar actos de inspiración diabólica en estas amenazas de reinstauración de una tradición que amenazaba su autoridad. En tiempos inmediatamente posteriores a su expulsión, efectuada en 1786, la mera posesión de una imagen de bulto de la muerte constituía suficiente evidencia para ser juzgado por hechicería. Por un largo período, la Iglesia Católica continuaría la persecución del culto bajo amenaza de excomunión. Desde tiempos remotos, el santo y su devoción debieron entonces mantenerse ocultos, apenas revelados a los íntimos, en un secreto que a un tiempo agigantó sus poderes y multiplicó sus interpretaciones.
Las fiestas dedicadas a San La Muerte parecen constituir los únicos momentos de intercambio público de sus poderes y hazañas. Sin embargo, ni todos los devotos asisten a ellas ni todos los que asisten son dados al intercambio verbal durante el desarrollo de un ritual que prefiere las oraciones repetidas, las velas, las ofrendas, el asado y la bebida compartida, la música del chamamé, la procesión y el baile.
La antigüedad y la escasa publicidad de los saberes relacionados con el santo también parecen haber resultado en una miríada de historias asociadas a él que resuenan a un tiempo con la catequesis jesuítica; con la buena muerte del barroco español; con los espíritus de los héroes civilizadores y los grandes shamanes guaraníticos fallecidos que ayudaban a los payés vivientes; con los muertos capaces de atrapar a los vivos y producir desgracias de la tradición congo (en 1760 más de un cuarto de la población de Corrientes era de origen africano); con los gauchos alzados perseguidos por la justicia, poderosos en vida y milagrosos después de muertos, de la religiosidad popular y con los exús que habitan en los cementerios de las religiones afro-brasileñas.
En medio de esta diversidad, sin embargo, los relatos asocian repetidamente a San La Muerte con la justicia -se trata, dicen, del santo más justo-, aunque los significados que se otorgan a este concepto también son diversos. Algunas versiones indican que es un “santo justo” porque sirve para recuperar objetos robados y castigar a quien los ha tomado indebidamente. Otras, aluden a la justicia de la muerte, que se lleva por igual y sin consideraciones a ricos y pobres, poderosos y humildes, mujeres y varones.



Anónimo, Iberá, Corrientes. Hueso, 4,8cm. Colección Schinini.




En ciertos relatos, sus tallas aparecen protegiendo al Gauchito Gil o al Gaucho Lega, perseguidos injustamente por los encargados de hacer cumplir la ley y de quienes se dice que robaban a los ricos para ayudar a los pobres, asociándolo por esta vía indirecta también con la justicia social. En otros, más frecuentes, se afirma que es justo porque concede favores pero castiga muy severamente al promesero que no cumple con su obligación, promoviendo de tal modo un trato cuidadoso por el que no conviene invocarlo en vano. San La Muerte mantiene entonces, en las múltiples versiones que circulan en el que fuera territorio de las misiones, un cierto código moral que debe acatarse. Aun en las ocasiones en que su culto está en manos de personas que transgreden la ley y emplean la violencia, estas personas tienen numerosas obligaciones para con el santo con las que deben cumplir a cambio de su protección.
Acompañando la voluminosa migración de la población litoraleña, San La Muerte también se instaló en los suburbios de las grandes ciudades, fundamentalmente en el conurbano bonaerense. En ese ámbito, su devoción ha pasado por períodos de escasa visibilidad, en los que si bien existían personas que profesaban el culto de manera privada, o en grupos pequeños que mantenían las creencias de su pueblo de origen, no había una presencia pública notoria de la devoción. Los cambios y transformaciones que se produjeron en la última década conllevaron una expansión del culto. Como suele ocurrir con las devociones populares, ese resurgimiento implicó cambios: el San La Muerte que se expande en los noventa en los suburbios de Buenos Aires es algo distinto del que conocemos tanto en las provincias del litoral argentino y en el Paraguay como entre los migrantes provenientes de ese origen y sus descendientes inmediatos.
Hasta donde lo hemos podido ver, el San La Muerte que reaparece en el conurbano de Buenos Aires en los noventa se relaciona fuertemente con la emergencia de una cultura juvenil de la transgresión. El santo aparece tatuado en los cuerpos de muchos jóvenes de los sectores suburbanos empobrecidos que se dedican al delito. Pero los jóvenes que se tatúan a San La Muerte, a diferencia de lo que se suele encontrar en el litoral, no conocen del todo al santo: no averiguaron su origen, no saben demasiado sobre su historia, ni están enterados de los deberes y obligaciones que genera llevarlo. Muchos, pese a tenerlo tatuado, dicen no creer totalmente en él. Algunos señalan que lo llevan porque les gustó la imagen, otros porque saben que ‘protege de la muerte’, pero no conocen la tradición ni le presentan ofrendas. Posiblemente, en la identificación con el santo no pese tanto la posibilidad de la protección o las connotaciones morales del mito, sino la estética: su imagen algo amenazante, vinculada a la muerte y a la violencia, representa la relación de oposición que muchos de estos jóvenes establecen con la sociedad convencional, al tiempo que expresa la permanente cercanía con la muerte que experimentan en sus vidas. De tal modo, agregan otra manera de relacionarse con el santo a las ya existentes e imprimen un nuevo impulso a un culto que parece encontrar en la multiplicidad de las formas de vinculación que alberga una de las claves de su vigencia y dinamismo.


MARÍA JULIA CAROZZI recibió su doctorado en Antropología de la Universidad de California, Los Angeles. Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y vicepresidenta de la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur. Ha investigado sobre santos populares, nuevos movimientos religiosos, la Umbanda y el movimiento New Age en Buenos Aires. Sobre estos temas publicó tres libros y numerosos artículos en Argentina, Brasil, México, Italia y Bélgica. Actualmente investiga las concepciones, experiencias y transformaciones del cuerpo en diversas manifestaciones de la religiosidad popular

DANIEL MÍGUEZ es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, Doctor en Antropología por la Universidad de Amsterdam, Investigador del CONICET y de la Universidad de San Martín y profesor de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Ha investigado sobre cultura y marginalidad, particularmente en las áreas de educación, delito y religiosidad popular.
SAN LA MUERTE*
Por Rodolfo Walsh


Capilla de San La Muerte, Empedrado, Corrientes, 1999.


Las palabras se hacen borrosas en la tinta del papel escrito o tiemblan en la voz de los fieles que a la luz-y-sombra de las velas se arrodillan bajo la mirada sin pupilas de una figurita esquelética, que en los ranchos más humildes del Paraguay y el nordeste argentino preside el destino de sus habitantes, combina sus amores, los guarda de peligros o los hace ganadores en el juego. La gente lo llama el Señor de la Muerte.
Su forma es la representación clásica de esa alegoría: un esqueleto sentado o de pie que a menudo lleva una guadaña. Millares de fieles le rinden un culto semisecreto, que culmina el 15 de agosto con las “misas” que le ofrecen ante los altares de las capillas privadas.
¿Desde cuándo? Las primeras referencias bibliográficas son las muy recientes publicadas por los investigadores chaqueños Raúl Cerrutti y José Miranda.
Pero el culto es antiguo, a juzgar por el aspecto de algunas imágenes y por el testimonio de viejos devotos cuyos recuerdos se remontan a más de medio siglo.
En la campaña correntina o el cinturón de villas miseria que rodea a Resistencia, en pueblos de Formosa o ciudades de Paraguay, el Señor de la Muerte —o San la Muerte— es amado, temido, premiado, castigado, invocado para bien o para mal. Algunas de sus devociones no se diferencian de las más apacibles del culto cristiano; otras se aproximan al vudú, y de ellas no se habla o se habla con un temblor en la voz.

Vida y Milagros
—Allá arriba está él —dice la paraguaya Fabiana Irala, señalando con la mano un rincón del rancho oscuro, donde hay que agacharse para entrar.
La figurita tallada se vislumbra apenas en la vitrina semicubierta de trapos negros que corona el altar. Después, sobre la mano de Fabiana, se define en líneas toscas y vigorosas, con las costillas pintadas de negro y una sumaria guadaña o báculo de metal en la mano derecha. Para pedirle algo, hay que sacarle el bastoncito y prenderle una vela. Pero si es algo importante, taparlo con un paño negro y tenerlo en un rincón hasta que se cumpla.
—¿Qué le piden?
—Te da todas las cosas, señor, todo lo que vos querés. Milagroso é. Cura, pero de toda enfermedá. Hace salir gente de la cárcel y es bueno pal amor.
(Le prendimos tres dedos de vela.)
El santo de doña Fabiana cumple los requisitos de la ortodoxia: tallado en hueso de cristiano y bendecido siete veces por un sacerdote. Esto es lo más difícil, pero Fabiana no tuvo necesidad de llevar la figurita escondida dentro de una vela o de otra imagen:
—A mí me lo bendició el padre cura de San José.
Hay algunos que lo usan para mal “y le tienen infiel”, explica en Villa Federal, Resistencia, la médica Trinidad López, que tiene un santito de hueso y otro de plomo, muy visitados. El enemigo señalado por el conjuro “se seca y se muere”. Pero ella —aclara— sólo los tiene para proteger su casa.
En Bañado Sur, ciudad de Corrientes, encontramos las dos imágenes más perfectas del Señor de la Muerte. De unos ocho centímetros de alto, estaban talladas en palosanto por el mismo artesano anónimo. Representaban a la muerte sentada, pero había sutiles diferencias: una era más enjuta y apretaba las sienes entre las manos; en la otra, las manos sostenían la mandíbula.
—Este es el Señor de la Muerte —aclaró la propietaria—. Aquel, el Señor de la Paciencia.
El fetiche entronca pues con una figura del culto cristiano, y en muchos lugares se los nombra indistintamente. Quisimos fotografiar las dos piezas de notable artesanía, junto con un par de hermosas tallas policromadas de Santa Catalina y San Antonio. Pero la señora Irma se opuso.
—Él se enoja —explicó.

Una sonrisa burlona
La mujer arrodillada pronunciaba las invocaciones, y una docena de devotas con cirios en la mano respondía en un coro atenuado y plañidero. La pirámide del altar crecía en niveles de importancia, con sus santos de yesería, su Baltasar negro, sus estampas litografiadas y hasta un raro “display” donde figuraban San Martín, Belgrano y Gardel entre floreros de vidrio y ramilletes de plástico. Coronándolo todo en la capilla particular de Cecilia Medina, un Señor de la Muerte cincelado en plata presidía desde su trono, con irónica sonrisa, ese mundo de caras oscuras, de miradas expectantes y ropas muy pobres.
Era “el señor de los buenos y de los malos matrimonios”, el que obliga al ladrón a devolver su robo, el que dispone que el amante desdeñoso “en la cama en que duerme se encontrará afligido”, el que impide a la amada “aular con ningún hombre”, el que es invocado “por los cuatro vientos del mundo”.
Decenas de fórmulas circulan en cuartillas rudamente manuscritas, centenares de milagros se le atribuyen, millares de velas arden en su honor.
¿Pero quién fabrica esa misteriosa figurita? La médica Asunción Ramírez nos mandó a los confines de la ciudad y de la tarde en pos de un santero que no existía. Lo buscamos luego en direcciones equívocas de remotas callejas polvorientas, en erróneos recuerdos, desconfianzas, evasivas.
En Resistencia conocimos, por supuesto, a Carlos Maule, un artista pop “avant la lettre” que rodeado de cadáveres de máquinas, frustradas heladeras y restos de armas de fuego, construye en su taller mecánico singulares esculturas de bronce y de chatarra. Maule talla en hueso de vaca (“el hueso humano es mal material”) un San la Muerte estilizado y sobrio.
—Es milagroso —afirma burlonamente—. Me siento a hacerlo con una copa de coñac al lado. En cuarenta minutos termino la copa y termino el santo. Tengo para una botella más. ¿No es un milagro?
Las imágenes de Maule son veneradas en más de un oscuro rincón en las rancherías chaqueñas. Pero aún no habíamos encontrado al artista naif que toscamente talla las facciones de la muerte en un palito de ruda o un segmento de tibia y cree en su oscuro sortilegio.
Del otro lado del río, la doctora Alicia Gare iba a ponernos en presencia de uno de estos raros artesanos.



Anónimo, Corrientes. Hueso, 4,3cm. Colección Schinini.



El santero
—Me buscaban a mí —dice con su voz tranquila y servicial.
Ha entrado con nosotros por el portón de la vieja penitenciaría de Corrientes y viste de calle. Pero el envoltorio de papeles que trae bajo el brazo guarda las ropas azules del recluso Cirilo Miranda, que es él, condenado a veinte años de cárcel por un crimen apasionado y salvaje, de superflua memoria aunque él lo recuerde mientras desgrana día por día los dos años y cuatro meses que le faltan para salir en serio: y no como ahora, que ha ido a hacer “un trabajito particular para afuera”, según se acostumbra en este presidio.
Entre los canteros verdes y los muros rosados del patio, Miranda despliega sobre un banco las figuras de su arte, la docena de santitos y de historias que, de golpe, son una insólita lección de antropología práctica. Por supuesto, allí está el Señor de la Muerte.
Ya no sabe Cirilo Miranda cuándo empezó a manejar el formón romo, el buril de punta casi invisible, la sierrita minúscula que son sus únicas herramientas permitidas. Sabe que le enseñó a entallar don Julio Conti “uno de los reclusos más viejos, creo que ya no existe más”, y que el primer San la Muerte que copió se lo trajeron de Paraguay, pero se lo piden de todas partes porque es muy milagroso y el que lo invoca “suele salir a flote de sus trámites de apretura”.
—Porque resulta —dice— que el Señor de la Muerte es la imagen de la calavera de Nuestro Señor Jesucristo. ¿No ve que uno de los crucifijos grandes que llevan los padres curas tiene una calavera, sin ojo, sin nariz, ahí en la cruz?
La mano con el buril se desliza ahora, segura, sobre el oloroso pedacito de palosanto con que el preso cumple su más reciente encargo. Pero también talla en hueso, y si es hueso de cristiano, mejor, porque “ese ya está bendecido dos veces”.
¿Conoce las oraciones? Conoce, y aquí lleva una, señor. ¿Sabe que hay una para no caer preso? Eso no sabe, y se ríe, y si hubiera sabido no estaría aquí, pué, y se vuelve a reír contagiando al racimo azul de penados que se han reunido a nuestro alrededor contra el fondo de rejas y de muros rosa, y que al fin saben en qué gasta Cirilo Miranda sus largas horas en la celda sin decirles nunca una palabra porque esta, señor, si se quiere, es una cosa secreta.

Retablo insólito
Puestos sobre el banco los santitos hablan desde el fondo de una mitología inédita, de un pueblo ignorado. El preso de tez oscura les presta su voz.
Ahí está la mujer crucificada, versión femenina del Cristo:
—Santa Librada, que está en la cruz, pué. Ahí el prodigioso cazador, montado en un tigre:
—Ese es el San Son.
El misterioso hombrecito que lleva una taba en la mano derecha y “un puñao e plata” en la izquierda:
—Ese es un famoso pal juego. Lo llaman Lamodei. Y el domador de un toro:
—Prendido a las guampas. Es San Marco, que está para dominar la cuestión de animales salvajes.
Ahí por fin la conmovedora pareja de santos tomados del brazo, unidos en el tierno amor de la madera:
—San Alejo, señor, que le dominó a Santa Marta, la virgen más hermosa que se ha conocido en el mundo.
Solamente la perversa, la inquietante y peleadora Santa Catalina está ausente porque su devoto Cirilo Miranda sabe que no es bueno tenerla —aunque la haga para otros— ni prenderle velas ni darle confianza, y sí solamente pedirle, en los momentos de aflicción, que sus enemigos y autoridades no tengan ojos para verle ni boca para hablarle ni manos para pegarle ni pies ni corazón para ofenderle.
Así sea.


RODOLFO WALSH nació en Choele-Choel, Río Negro, Argentina, en 1927. Comenzó trabajando en una editorial como corrector, traductor y antólogo. En 1950 ganó un premio en el Primer Concurso de Cuentos Policiales. Ya en 1957 publica la célebre Operación Masacre. Fundamental en la literatura argentina, su vasta obra narrativa y periodística destaca títulos como Los oficios terrestres (1965) y Quién mató a Rosendo (1969). En sus últimos años creció su actividad política, y en 1977 es muerto durante una emboscada de paramilitares.



*Esta crónica fue publicada originalmente por la Revista Panorama en su N° 42 de noviembre de 1966, y pertenece a una serie de diez que Walsh escribió entre ese año y 1967, siguiendo un proyecto propio de indagación acerca de aspectos profundos y poco visibles de la cultura popular argentina. Aparece en este libro gracias a la gentil autorización de Ediciones de la Flor.
IMAGINERÍA


Aquiles Coppini, Corrientes. 2 tallas de hueso, una pintada, 6,6cm y 4,8cm. Colección particular.



Aquiles Coppini, Corrientes. Hueso, 3,9cm. Colección particular.



Aquiles Coppini, Corrientes. Hueso, 4,1cm. Colección particular.



Jorge Abel Lossada, Mercedes, Corrientes. Plata 2,6cm. Colección particular.



Anónimo, Corrientes, 1982. Bala tallada y vaina 38, 3,2cm. Colección Schinini.


Cándido Rodríguez, Cappiatá, Paraguay. Madera pintada,25cm. Colección Garcia Uriburu.



Anónimo, Corrientes. Hueso, 4,3cm. Colección Schinini.




Aquiles Coppini, Corrientes. Madera, 6,2cm. Colección particular.



Anónimo, Corrientes. Madera, 4,9cm. Colección Schinini.



Anónimo, sin datos. Hueso, 3,8cm. Colección Garcia Uriburu.
EL CUERPO COMO METÁFORA DE FÉ
Por Gustavo Insaurralde

“El primer interés del espíritu consiste en transformar
el cuerpo en órgano cabal de la voluntad”. George Hegel





San la Muerte tatuado, huella de porfiada devoción. Rúbrica de un pacto. Marca de poderosa omnipotencia. Así puede imaginarse el principio de algunos de los enigmas alrededor de esta misteriosa creencia popular fuertemente arraigada en el nordeste de Argentina y en Paraguay.
A lo largo de la historia y en las distintas culturas, el tatuaje constituye un símbolo de posición social, aunque en nuestros días esa práctica está más ligada a la moda y la estética, careciendo de significación referencial alguna. En el caso de San la Muerte, el tatuaje adquiere una original dimensión mística al grabar definitivamente en el cuerpo una imagen que evidencia la comprometida idolatría en que se manifiesta absoluta convicción y lealtad. De esta manera, la perspectiva hegeliana alcanza su definitiva potestad al asumir un cuerpo interpretado como enclave de la identidad existencial. Este paradojal hecho puede analizarse a partir de la sentencia del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty cuando afirma: “Un cuerpo es para el alma su espacio natal y la matriz de todo otro espacio existente”.
Ya en la cultura griega se celebraba a un cuerpo visualizado como territorio del espíritu y, sin dudas, aquí, a partir de la insignia emblemática de San la Muerte, se construye la sumisa pleitesía de un dogma. Merleau-Ponty sostiene: “El cuerpo es a la vez vidente y visible para los otros. Aquel que mira todas las cosas que lo rodean, que se convierten como sus prolongaciones, en parte de sí, puede mirarse a sí mismo viendo, por ejemplo, en un espejo. Es, además de visible, sensible para sí mismo. Por eso el cuerpo humano no es una suma de partes, sólo existe cuando entre vidente y visible, entre tocante y tocado, entre un ojo y el otro, entre la mano y la mano, se hace un entrecruzamiento que alumbra el sentir sensible“.
A partir de esta lectura se puede afirmar que, si bien el culto a través del tatuaje implica cierta intimidad por la privacidad y marca una relación personal con el santo, al mismo tiempo adquiere trascendencia desde el momento en que la grafía toma estado público desde la exterioridad y una observación consensuada. De esta manera, el tributo concebido desde el cuerpo mismo se convierte en alegoría de la fe pero primordialmente en elemento de prédica, ya que es un recurso de afirmación y reconocimiento de lo que se profesa.
A través del relevamiento realizado se observa una asombrosa disparidad en la estética de los tatuajes. Desde aquellos ejecutados con delineaciones rudimentarias explorando la piel como superficie de improvisación hasta algunos más elaborados y realizados respetando una programada planificación en la obra. Es innegable la influencia de algunas corrientes internacionales de la especialidad, especialmente de aquella arraigada alrededor de la música del rock pesado, que trabaja con imágenes catalogadas y cuyos diseños se reproducen con escasas diferencias de acuerdo al pedido formulado por el cliente. En esa serie se puede reconocer los más producidos desde el punto de vista ornamental, con figuras prolijamente acabadas y notable creatividad en su formulación conceptual. Por otra parte, entre los menos, se descubren dibujos de una simpleza atractiva y una ingenuidad fascinante, quizás los más originales, adquiriendo especial sentido de pertenencia y unicidad en el adeudo con el santo. A ello se suma la transcripción, parcial o total, de la oración dedicada a San la Muerte como complemento ineludible del sugestivo ofrecimiento.
A la hora de analizar la ubicación no puede establecerse un patrón, ya que en la mayoría de los casos cada cuerpo fue incorporando una nueva obra con el transcurso del tiempo. Sin embargo, puede afirmarse que gran parte de los devotos concentran su santo tatuado en el pecho, la espalda y los brazos.
Aquí también es preciso señalar el marcado empeño de los practicantes de alimentar al santo a través de persistentes incisiones que se infligen a sí mismos con el natural derramamiento de sangre y las consecuentes cicatrices como testimonio de la ofrenda.
La iniciación al culto está estrechamente vinculada a un dominio condensado de amenazas y cargado de peligros. En el caso de los presos, los tatuajes surgen como expresión de libertad, y de ahí la notoria expansión de San la Muerte en el reducto carcelario.
Los devotos registrados en este ensayo fotográfico son mayoritariamente jóvenes y algunos pocos mayores. Todos hombres, quizás por ser el tatuaje una práctica generalmente masculina, aunque ellos mismos comentan conocer algunas mujeres que expresan su reverencia a San la Muerte a través del trazo definitivo en la piel.





Un mito regional
San la Muerte -considerado pagano por estar ausente del santoral- surge a mediados del siglo XVIII, luego de la expulsión de los jesuitas. Sus actuales seguidores confiesan realizarle promesas para conseguir y preservar trabajo, hallar cosas perdidas, obtener el amor de alguien y vengarse de un desaire.
También conocido como Señor de la Buena Muerte, la tradición afirma que el amuleto sólo tiene efectividad si fue bendecido por un sacerdote católico. Para lograr la bendición del amuleto, su dueño lo lleva escondido en la mano mientras pide la bendición de una estampita, logrando la consagración de ambas cosas. Luego, se debe llevar el amuleto durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias.
El historiador chaqueño José Miranda Borelli aporta una conclusión que propone desentrañar el hecho desde una mirada sociológica: “Hay una serie muy amplia de santos populares, algunos de la tradición hagiográfica católica, otros no. Todos estos santos, con sus caracteres especiales, con su influencia recibida en la región, con sus rasgos que han surgido de la simbiosis cultural producida, son parte del contexto religioso y de la cosmovisión de los pueblos del nordeste”.

El poder de las tallas
San la Muerte toma cuerpo y su representación varía de acuerdo al imaginero que la realiza. La figura clásica es el esqueleto humano, parado, determinado por rasgos sencillos -casi minimalistas-, frecuentemente teñida de negro y que además está ornamentada por la tradicional guadaña, que en algunos casos posee toques de pintura sangre en su filo. Esta misma imagen puede estar vestida, generalmente con lienzos negros y rojos.
Otros ejemplares están sentados y el más usual es aquel denominado como “Señor de la Paciencia”, algunos con las manos en las sienes y otros sosteniendo la barbilla. Sorprende conceptualmente una talla que muestra a San la Muerte sentado sobre el mundo, como persuadiendo de su poder tanto sobre lo terrenal como lo divino.
Las estatuillas elaboradas a partir de una bala servida -que hubiera herido y especialmente matado a un bautizado- son consideradas como las más poderosas entre los devotos. Generalmente son usadas como colgantes llevadas al cuello. En esta misma categorización de las estatuillas eficaces se distinguen las realizadas en hueso humano -preferentemente de un recién nacido o de personas con poderes- con el predominio de una llamativa abstracción.
Respecto a la estética de la producción santera, se debe reconocer una línea originaria descendiente del barroco español que se articula con otra de procedencia netamente guaraní conformando un legado único y en permanente transición.




El protagonismo de los santeros
Aquiles Coppini (36 años) es el mayor referente entre los santeros de la cárcel, lugar donde se concentra una importante legión de devotos. Preso hace 14 años, rinde culto a San la Muerte desde la aparición del santo en un sueño, y por ello tiene el privilegio de custodiar el altar de culto general de los reclusos correntinos. Autodidacta por la ausencia de un maestro que buscó sin suerte, ahora guía otros jóvenes con la generosidad que él no encontró. Talla en madera y hueso -animal y humano-, posee algunos santos pintados y también otros vestidos. Su colección permite apreciar el riesgo artístico de su permanente innovación, con una estética propia y variada que prueba su talento pero también la devoción. Sus obras son valoradas y buscadas por distinguidos coleccionistas y entusiastas creyentes. En su cuerpo lleva sólo un tatuaje, porque -según admite- reserva su piel para una importante ofrenda que promete cumplir muy pronto. También ostenta joyas de oro, todas entregadas al santo por favores recibidos.
Entre los antecesores se debe mencionar como tallistas históricos de la cárcel a Cirilo Miranda, Julio Conti y Ramón González, quienes consolidaron la tradición. Hoy siguen este trabajo César D´Andrea y Julio Lezcano, pero sin dudas Aquiles Coppini es un referente ineluctable para conocer y desentrañar los misterios y secretos de San la Muerte.
Gregorio Cabrera (67 años) es santero de oficio, herencia familiar que lleva con orgullo y prudente silencio. Actualmente se desempeña como personal del Museo Provincial de Artesanías (Corrientes), donde también da clases y realiza trabajos a pedido. Aunque no confiesa ser devoto de San la Muerte, se puede advertir el fervoroso esmero puesto en cada una de sus estatuillas, realizadas con perseverante dedicación. La mayor parte de su producción está hecha en madera -especialmente palosanto- y algunos ejemplares pertenecen a la colección oficial, aunque también son muy valorados para altares privados.


Ramón Gregorio Cabrera en su taller dentro del Museo de Artesanías y Folklore de la ciudad de Corrientes, 2004.


Andrés Cáceres (oriundo de Derqui, como Cabrera) trabaja la madera y el hueso, especialmente el hueso humano, asignando a las falanges cierta potencialidad mágica benéfica para las tallas.
Jorge Abel Lossada (oriundo de Mercedes) es un reconocido orfebre que realiza sus santitos en plata y oro, fundamentalmente para ser incorporados bajo la piel.
La familia Rodríguez (Capiatá, Paraguay) representa una estirpe de tradición no sólo en la devoción sino también en la particular estética que caracteriza la producción seriada que logra. El rito santero se remonta al pionero Cándido -ya muerto-, cuya herencia perpetúa hoy su prolífica descendencia con una destacada fabricación artesanal de manufactura con cierto vestigio industrial, pero sin perder la solemnidad de rigor que impone la santería popular.
Aquí se aprecia una figura voluminosa y sensual, tallada en madera con rasgos definidos por una impronta personal que oscila entre la serenidad de una ilusión de ensueño y la pasión de una inquietante quimera. Además, se suma el tono blanco que define cada pieza con líneas negras que exaltan la figura.

Altares en el camino
Viajando por las rutas del nordeste argentino es frecuente encontrarse con pequeñas capillas dedicadas a San la Muerte. Algunas, como aquellas que rinden tributo al Gauchito Gil, se distinguen a lo lejos por las banderas rojas que flamean incesantes bajo el calcinante sol del verano y el inquebrantable viento norte de las tradicionales siestas desoladas. En otros casos, las improvisadas construcciones donde se venera a San la Muerte se encuentran en las inmediaciones de la modesta vivienda que habita el santero responsable del lugar, acompañado de su familia promesera.
Siempre la postal se completa con velas encendidas y consumiéndose sobre otras, todas testimonio efímero de una gracia pedida o concedida. Tampoco faltan las botellas de buena bebida arrinconadas en el suelo, que generalmente se convida a quienes pasan por el altar, más aun cada 15 de agosto, día dedicado a la celebración que rinde honores a San la Muerte.
Detenerse en un altar implica descubrir la extraña esencia del ritual a través de una visión onírica que enlaza la fugacidad del viaje con una inevitable mirada costumbrista signada por el imaginario colectivo. La revelación de lo ausente es un verdadero misterio hasta que uno se apropia de lo irreal asignándole el aura personal.


GUSTAVO INSAURRALDE (1971). Periodista cultural. Integrante de la redacción de El Diario de Resistencia, Chaco (1990-2003). Presenta y prologa artistas. Jurado de salones de artes plásticas regionales y nacionales. Colaborador de la Fundación Urunday para la Bienal Internacional de Escultura (1995-2002). Autor de notas publicadas en diarios de Argentina, Paraguay y Costa Rica. Autor de “Vientos de cambio. Protagonismo entre la transición y la evolución”, publicado en 50 años de arte chaqueño. De los pioneros a los nuevos lenguajes, editado por la Universidad Nacional del Nordeste (2003). Director de Recya –Revista de cultura y arte- (2003-2004). Corresponsal de Arte al día. Reside en Resistencia, Chaco.
UN ALTAR EN LA PIEL
Fotografías de Ivan Almirón


































Iván Almirón nació en 1962 en Resistencia, provincia de Chaco, Argentina, donde reside hasta ahora. En 1990 comienza su carrera como reportero gráfico, que ya no abandonará, en Al día, semanario editado en Resistencia. Ese mismo año participó de una exhibición fotográfica organizada por el Centro Cultural Nordeste de la UNNE. Desde entonces ha trabajado como fotógrafo publicitario para distintas agencias, así como para publicaciones institucionales y catálogos de artistas.
En 2003 pasó a ser jefe de fotografía para El diario de la región de Resistencia. En 2000 obtuvo la Mención Reportero Gráfico del Premio “Félix Roberto Wandelow” otorgado por el Sindicato de Prensa del Chaco. Sus fotografías han sido publicadas por medios como La Nación, Crónica, Página 12 y Revista XXIII.
En 2002 participó de la muestra “Mirada interior” en el marco del Festival de la Luz, en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. En 2003 y 2004 realizó las muestras individuales “Click! a la realidad” y “El puente” en el Espacio Arte en Libertad, de Resistencia.
EROS, SANTIDAD Y MUERTE: UNA EXPERIENCIA FOTOGRÁFICA
Por Horacio González






Estamos ante un trabajo que consiste en ver cómo transmigra un objeto santo del hueso al cuerpo, del palosanto a la piel. Es la piel del encarcelado. El gesto del tatuaje corporal representa el arcaísmo mayor del arte. Quizás es posible decir que el cuerpo es la primer superficie del arte, antes que la piedra o el barro. De allí podría provenir el deseo de inmortalidad del cuerpo, puesto que el arte –sustituto del alma difusa- surgiría como algo superior a la carne transitoria. De todas maneras, esta serie de cuerpos inscriptos, cuerpos portadores de imágenes y textos, significan la escena primitiva de lo religioso, su grado más elemental y sacrificial. Hay que ver el tatuaje como una remota forma de suplicio, que lleva en sí misma su seña de protección. El tatuaje protege y conmemora, sobre la base de que hay un daño que se apartó para siempre si consigo ponerlo penitencialmente sobre mí.

La serie fotográfica compone cuerpos con tatuajes de San La Muerte y estatuillas del propio Santo provocativo, señor del conjuro y la intermediación equívoca. Hay aquí una feliz acumulación artística cuyo tema es el primitivismo sarcástico de lo sagrado, con su versión tallada en los cuerpos. Es lo que parece llevar a un hedonismo de la representación de lo aciago. La muerte y el eros, otra vez en matrimonio socarrón. La mirada fotográfica realiza una exploración intensiva, de antropólogo exigente, jugando con el lienzo de esos cuerpos que han confiado el tatuaje a sus distintos escondites, como en una caverna con extrañas dificultades de acceso.





Es que los cuerpos son como cavernas o santuarios, paredes prehistóricas. Las fotos remarcan una lejana y suave procacidad, contenida entre las efigies desafiantes del inmemorial Señor de la Guadaña. Su imagen responde a la representación heredada de la osamenta que aún carga su forma humana, la proverbial alusión animista a la muerte. Su santificación espontánea responde sin duda a un acto de inversión carnavalesca de la divinidad, lo que permite aventurar que ha surgido de cárceles, guerras y carencias. Es el Cristo subvertido, como se sabe, que en la oscura intuición de sus seguidores se estira satíricamente hasta sus antípodas.

Es un culto irónico que así fusiona el poder de la divinidad con la estampa irreverente del que espera la hora de la siega. El barroquismo exploró esta imagen dramáticamente para acercar las religiones institucionales al uso de ídolos, estampas, tallas, medallas, objetos encantados y propiciatorios que son intermediadores entre los deseos y su cumplimiento, o mejor, entre los deseos y la oscura ansiedad de destino que ellos provocan.
Como contrafigura y fetiche de una teología negativa, San La Muerte es parte de la vasta imaginería popular, a la que el periodismo y la antropología le han dedicado hace décadas sus interés. Data de cuarenta años el artículo de Rodolfo Walsh (escrito con el mismo tono que se reconoce en su Operación masacre) en el cual registra esa “mitología inédita” que atraviesa las oleadas de tiempo de las culturas populares, y recientemente recordamos los estudios de simbologías populares que ha emprendido Rubén Dri. Sin embargo, aquí se emplea la foto como un arte de devolución del fetiche al fetiche de los cuerpos.

También aparecen fotografiadas, por cierto, tallas en sus más diversas configuraciones. Lo que de allí surge es un catálogo de formas encantadas, legadas por milenios de talladuras populares, impresionantes en su rudeza de gruta idolátrica, con un santoral ingenuo que juega con un sentimiento aterrador. Este juego es precisamente lo que reproduce la lente de los fotógrafos. La obra artística que ellos componen restituye al cuerpo su carácter de intermediario entre el arte y el amuleto. Hacen del cuerpo un tabernáculo de fe oscura.

La foto busca los ángulos y las perspectivas de brazos, piernas, torsos, espaldas, en sus recodos sigilosos. Hurga en las escenas más desgarradoras del sacrificio y el exorcismo, con esos brazos levantados, esos bustos que no dejan su oscuridad sensual mientras se ponen en involuntaria plegaria para el retrato. Emocionante comprobación de la forma más extrema de las invocaciones, culto secreto contra la desesperación, que el arte fotográfico encuentra como voto de sanación y sustitución religiosa. Pero una religión sustituida es otra religión, cuestión que la filosofía ha indagado y estas fotos liberan de su cárcel en los mismas soportales de la cárcel.


HORACIO GONZÁLEZ es profesor de Historia de la cultura argentina en las universidades de Buenos Aires, Rosario y La Plata. Autor de los libros: Arlt, política y locura; La crisálida: dialéctica y metamorfosis; Restos pampeanos; Retórica y locura; Filosofía de la conspiración; El filósofo cesante; La ética picaresca, entre otros. Miembro de la revista de crítica El ojo mocho. Actual subdirector de la Biblioteca Nacional.


Jorge, 18 años. Corrientes, septiembre 2004.


Daniel, 35 años. Corrientes, septiembre 2004.


Miguel, 23 años. San Roque, septiembre 2004.


Ariel, 24 años. Corrientes, septiembre 2004.
DEVOCIÓN POPULAR EN TALLAS BENDITAS
por Aurelio Schinini





Dentro del área guaranítica existen varios “santos” a los que la gente acude buscando protección en el campo de lo sobrenatural. Se da en el marco de un culto generalmente personal, cuyo ícono pertenece a un único dueño, y acerca del cual sólo la persona que lo utiliza tiene conocimiento. El hecho de ser un culto privado cuyo ícono no es compartido con nadie, esta exclusividad, le confiere a su dueño ciertos poderes con los que se ve beneficiado mientras dure este trato exclusivo.
La devoción a imágenes puede ser privada o pública. Se tiene así al Gaucho Gil, cuya devoción se practica en altares populares, al paso de la gente. La mayoría de estos altares están ubicados de la casa hacia la calle o mirando hacia donde transitan otras personas. Mientras que a ciertas imágenes, como las de San La Muerte, San Biquicho, San Alejo o Santa Catalina, generalmente se les rinde culto privado, que no se comparte con el común de la gente.

La adoración a una imaginería popular tiene como protagonista distintivo a San La Muerte, Señor de la Muerte o de la Buena Muerte, que habitualmente está representado por una talla sobre hueso que, si es de humano, resulta mejor. Hacerlo o tallarlo en huesos humanos le da mayor poder a la talla. Los huesos de la mano le confieren más fuerza, y los mejores y aun más poderosos son aquellos realizados con la última falange del dedo meñique. El de la mano derecha es usado para obtener una talla cuyo fin es el de castigar o hacer daño fuerte, mientras que el de la mano izquierda se utiliza para obtener favores.

San La Muerte puede ser tallado también en madera, generalmente del mismo tamaño que el de hueso. Puede servir a distintas finalidades: para escarificarse podría ser de guayacán, una madera dura y obscura del monte chaqueño. O de cedro, y en este caso se talla y es usado para hacer milagros, conseguir favores o cuidar a quien lo posea. Al necesitarlo de poder más fuerte suele tallarse de urunday (del que se extrae parte del xilema en un día santo y al mediodía), madera dura de los bosques semidecíduos del nordeste argentino. Pero lo más intenso o fuerte se logra con madera de cajones de muertos o de cruces de muertos recientes, de no más de siete años de antigüedad, ya que se dice que ese “es el tiempo tras el cual el difunto abandona el féretro”.
En un diálogo con una mujer de la vida, ella me confesó que al caminar por la calle se encontraba protegida por un San La Muerte que llevaba puesto en su vagina, y que había sido confeccionado con madera del cajón de su abuela, a quien ella le pedía protección, prendiéndole velas y rezándole todas las noches antes de salir a trabajar. Al volver, “descansaba” a su San La Muerte en un vaso con agua bendita. Este amuleto hacía que esta mujer no se contagiase de “males” o de enfermedades que sus clientes pudiesen transmitirle (xx, Barranqueras, 2000). La mujer había logrado los beneficios a través de una curandera local que atiende a este tipo de personas, a quien concurren para obtener protección a través de sus poderes.

Los cazadores y los pescadores suelen llevar con ellos una talla realizada con el hueso de su caza mayor, o de aquella que haya resultado la más dificultosa. Para activarla se la debe “curar”, o sea, seguir un proceso de oraciones y exposiciones ocultas en ceremonias católicas. Esto también se logra bañándolas con sangre de las presas obtenidas en sucesivas cacerías.

El San La Muerte tallado en guayacán es para proteger a los marginales o a personas que viven peligrosamente. Para conjurarlo suele alimentárselo con sangre; esta talla, cuando está consagrada, gusta de ella. Se dice que él la “suele pedir”, y que hay que satisfacerlo, porque el santo puede tornarse victimario de aquel que lo atiende. O en muchas ocasiones, cuando se está por dar un paso peligroso, se le suele dar de comer para brindarle más poder. En este caso, nadie más que el dueño podrá saber de esto, y la ceremonia no se comparte con nadie.
Santa Catalina es “una santa fuerte”, con una relación muy directa con el santo. Su devoción se practica en privado. Se le prenden velas rojas los días viernes en un altar no compartido; cuando es necesario se la lleva consigo, y así “uno anda protegido”. Suele ir dentro de un pañito rojo, de seda o de terciopelo. Se la lleva a misa o a una procesión, siempre oculta.
Su imagen usualmente se talla sobre plomo, el rostro las más de las veces recuerda a San La Muerte, es sincrético (ver imagen 33). Es costumbre sumergirla en agua bendita los días martes o viernes. Esta imagen suele pasar de mano en mano y, quien la tiene, debe en vida indicar quién será su nuevo poseedor (que suele ser un pariente directo). En este caso se hace bendecir privadamente de vuelta. Esta renovación de su bendición también se practica cuando los favores que se le piden no se cumplen.
También este ícono pertenece a personas que viven al filo de la vida, tal vez marginales que precisan de una súper protección, ya que dicen que quien la tiene se halla protegido entre otras cosas de la policía; no es de uso para cualquiera. La talla no pasa de 5-7 cm. por 2 y 0,5 cm., pues en algunos casos se la lleva en el bolsillo o dentro de una bolsita colgada del cuello. “Dicen que ataja las balas” (Doña Eustaquia, Posadas, 1976). Ella refiere así al poder que protegía a su marido durante encuentros con la policía o con otros maleantes. También se dice que quien la tiene logra poder pero pierde el interés por el sexo (José, Saladas, 1973).
Las tallas de San La Muerte están generalmente arropadas con una tela roja, permaneciendo así ocultas por mucho tiempo. El que lo posee no suele ni mirarlo, por temor a que entre ellos se cree una confianza y el santo “se le dé vuelta”, ya que esta devoción siempre se realiza en base al castigo y al sometimiento; para lograr un favor, hasta habrá que tenerlo amenazado. La amenaza puede ser la de tenerlo hambriento o castigado en un lugar privado de tránsito humano, hasta que conceda el favor solicitado.
Y cuando uno logra lo que se propuso, el santo debe ser satisfecho y alimentado; pero nunca del todo, ya que así pronto estará dispuesto a cumplir con otro pedido, como si fuera una cadena cuyo engranaje nunca se termina.
Muchas veces se lo mantiene “atado”, en un decir popular; y nunca se lo vuelve a desatar; mejor es desatarlo y volver a atarlo por segunda, tercera o cuarta vez. Al no cumplir, se lo cuelga cabeza abajo y se le prenden velas al revés, de color negro o rojo.
Para tenerlo contento, se le realizan ofrendas, especialmente algunas ligadas a situaciones frente a las cuales la gente se siente desprotegida, y ante las que se busca en lo sobrenatural una cura para el mal. Podrían, por ejemplo, ser bebidas alcohólicas para aquellos dueños que poseen una talla y son alcohólicos. Usualmente se le da parte de la primera copa, bañándola, sumergiéndola (entonces se deja aparte un poco de la bebida para este efecto), escupiéndola, y hasta haciéndole tomar parte de un buche con alcohol dentro de la boca.
En algunos casos, cuando uno padece de un mal o de problemas físicos “también el santo lo padece”; así, al ingerir un remedio, éste también se le ofrece al santo protector. Muchas veces existe cierta complicidad e igualación Santo - Poseedor - Poseído. Suele pensarse que el mal llegó a través del santo, por venganza o por falta de ofrendas. Ante tal situación se le obsequia hasta que el poseedor se dé cuenta de que el mal le ha dado un alivio.
Tal vez lo más fuerte ocurre cuando ante una situación extrema se le ofrece sangre, la mayoría de las veces humana, ya sea la del enemigo o la propia. Para ello se realizan cortes en el cuerpo, con cuya sangre se baña a la imagen. Algunas veces son simplemente gotas. Tanto los cortes como la cantidad de sangre dependen de cada santo y de la necesidad de súper protección que se desée.


Aquiles Coppini, Corrientes. Hueso pintado, 7,4cm. Colección particular.


Ramón Gregorio Cabrera, Corrientes. Madera, 6,5cm. Colección Garcia Uriburu.



Santa Catalina, anónimo, Corrientes. Plomo, 4,8cm. Colcción Schinini.


Anónimo, Corrientes. Madera, 5,1cm. Colección Schinini.


Los conjuros preparados para San La Muerte pueden tener distintos motivos. Por ejemplo, los preparados para que los soldados correntinos llevasen a la Guerra de Malvinas (1982) fueron tallados en madera, huesos humanos o balas (ver imagen 34), pero todos con el fin de otorgar poder para matar al enemigo. El asunto se tornó muy complejo a la vuelta de estos hombres a tierras correntinas, por la cuestión ya mencionada de que la protección de San La Muerte puede darse vuelta. Se dice que muchos de ellos por causa de un “mal arreglo”, o sea, por carecer del conocimiento necesario en los pactos, sufrieron una venganza del alma del difunto enemigo: persecuciones, muertes, que hasta tuvieron que salir a realizar determinados actos con el fin de satisfacer al santo. Algunos de estos hombres dejaron a sus San La Muerte enterrados en las islas, otros lo llevaron al cementerio de Mercedes, o al sitio de veneración del Gauchito Gil, ubicado en esa localidad correntina.
Es que existen concordancias en muchos aspectos de ambos cultos. Entre las oraciones que suelen ser dichas, hay varias que los interpretan como semejantes, o quizá al Gauchito como “esencia” de San La Muerte. Eso sí, al Gauchito se le pide y a San La Muerte se le debe exigir una gracia.

El culto de protección con San La Muerte es temerario. A veces se escucha decir que el santo castigó a su dueño, otras, que lo llevó a cometer desmanes, y en estos momentos se sugiere volver a realizar su conjuro para que “esté contento”. Se vive hasta el final de los días con una talla y se cuida de no perderla. No se tienen dos o tres San La Muerte; la protección y la acción contra otras personas es a través de una sola talla. Se interpreta que cuando el santo no está contento se va, se pierde, o aun que enajena mentalmente a su dueño. Ciertas veces, al verse acorralado o perseguido, este lo lleva y lo entierra por un tiempo en un campo santo de tránsito humano, hasta aplacarlo o necesitarlo nuevamente, por aquello de que este culto siempre se relaciona con el castigo y la presión, y con el peligro y los extremos representados por la cuestión del encuentro con la muerte.

A veces, a San La Muerte se lo venera oculto en un altar familiar de devoción genéricamente católica, junto a otras imágenes; allí, además pueden encontrarse fotos, objetos y reliquias de antepasados. Las tallas de San La Muerte, tantas veces realizadas en huesos o madera del cajón de un desconocido, terminarán representando al difunto venerado en el altar, quien será el invocado cuando al santo se le pida un favor.
Al morirse un hombre que tenga una talla de San La Muerte incorporada bajo la piel, ésta le debe ser extraída ya que es el momento en el que el santo se apodera de su físico y el alma no se va del lugar. Los lugareños suelen decir que “no se muere del todo”.
La persona que le extraiga al difunto o al que padece en una larga agonía el San La Muerte debe ser un allegado, alguien especial. Para que el poseedor original pueda morir bien, el santo debe ser enterrado o pasar a la propiedad de la persona que realiza la extracción. Entonces, se promete y se lo conjura nuevamente. Y mientras dure el luto por el difunto, el santo permanecerá inactivo.
En algunos casos se le llama Señor de la Buena Muerte y, según sea su conjuro, puede servir para ayudar a morir y llevar lejos al difunto. Se le rezan novenas a los tres o nueve días, y aun al año del fallecimiento de su poseedor.
También existen situaciones en las que se dice que resulta problemático invocar a San La Muerte, tales como los casos en los que haya niños o ancianos próximos a la muerte, ya que se considera que “no están preparados para recibirlo”.

El temor lleva a buscar la conquista de cierto poder para enfrentarse al problema de la vida y su final. Cuando esto se da a la inversa, se observa el triunfo de la caducidad con castigos, enfermedades, derrotas, largas agonías o fallecimientos en los que el difunto no se va del área donde vivió físicamente, tornándose un alma vengativa o peligrosa.
Todos estos pactos del dueño o poseedor con la imagen son siempre un enfrentamiento entre la necesidad y el poder; se podría decir, de la vida ante la muerte.

AURELIO SCHININI nació en Asunción del Paraguay. Se dedica desde siempre al estudio de las plantas medicinales, mágicas y religiosas, particularmente en el área guaranítica. Es botánico profesional y desarrolla sus tareas en el Instituto de Botánica del Nordeste (CONICET-UNNE) de Corrientes, ciudad en la que reside desde hace 33 años. Realiza permanentes viajes por los distintos ambientes del nordeste de Argentina, Bolivia y Paraguay. Dado su interés por el estudio del comportamiento humano ante situaciones de aculturación y marginalidad, ha realizado una extensa documentación del folklore y la religiosidad popular de esos lugares


Aquiles Coppini, Corrientes. Madera, 17,3cm. Colección particular.

Aquiles Coppini, Corrientes. Madera, 6,2cm. Colección particular.


Ramón Gregorio Cabrera, Corrientes. Madera, 5,6cm. Colección Particular.


Anónimo, Corrientes. Hueso y caña, 15,4cm. Colección Garcia Uriburu.
EN ESA NOCHE SIN SUEÑO

de Hugo Mujica



poco queda al sacarnos la ropa,
poco o nada
al final de cada día

alguna cicatriz amordazando
una herida,
los propios huesos

y temblar bajo una sábana
mientras soñamos tibiezas.

llega la noche y ni una estrella
la nombra cielo,
llega
y entra y no pasa:

desnudo aún cierro los puños, aún aferro
mis sueños.

en el ocaso, en esa noche
que no es nuestra,
la muerte nos abrirá las manos.


HUGO MUJICA



Juan, 25 años, Corrientes. Septiembre 2004.


Ricardo, 26 años, Corrientes. Septiembre 2004.


Ariel, 24 años, Corrientes. Septiembre 2004.


Hugo Mujica nació en Buenos Aires en 1942. Desde 1961 a 1969 residió en los Estados Unidos y desde 1974 a 1975 en Francia y otros países europeos. Ha colaborado en gran número de prestigiosas revistas americanas y europeas. Cursó estudios de Bellas Artes, Filosofía, Antropología filosófica y Teología. Tiene publicados dieciocho libros de poesía, ensayo y cuentos, así como participaciones en libros filosóficos y diversas antologías poéticas.


SALVAVIDAS
Juan Batalla - Dany Barreto
Textos de Robert Farris Thompson, Alejandro Frigerio y Fernando Loustaunau.



“SALVAVIDAS” Vivimos durante más de un año en Uruguay. Ahí nos dedicamos a desarrollar "Salvavidas": intervenciones artísticas y obras realizadas en conjunto a 4 manos que remiten al imaginario afrolatinoamericano y su erotismo intrínseco.

En relación con una memoria cultural negada y satanizada y en constante proceso de transformación, se trata de una relectura de antiguos mitos donde la imagen, los materiales, las proporciones y los colores hablan de las entidades espirituales, de la fuerza ígnea de Xangó, o de la femeneidad peligrosa de Iemanjá. Estos y otros espíritus celebrados en el candomblé y la umbanda que se practican en Brasil, Uruguay y Argentina aparecen representados bajo formas que exaltan sus atributos mágicos y sensuales aludiendo así al placer que significa establecer contacto con estas energías divinas.

Las obras están realizadas con tablas remanentes de los refugios playeros de los salvavidas. Son relieves casi vivientes en la espesura sinuosa de los mejillones –a veces retocados con pintura- con los que se tejen las figuras. También se incluyen imágenes de las intervenciones artísticas llevadas a cabo en las playas uruguayas, algunas abarcando más de 25 metros de extensión.

El título “Salvavidas” sugiere así varios significados: de un lado la mitología que se presenta como un camino de liberación del alma, de otro la intervención artística busca que los objetos sobrevivan la ausencia de sentido –como desperdicios- en su periplo por el mar.

“Salvavidas” fue la obra lanzamiento de la Colección Arte Brujo, de Editorial Argentina. Su despliegue de fotografías color se complementa con ensayos críticos a cargo de Fernando Loustaunau y Alejandro Frigerio, y con un extenso diálogo con Robert Farris Thompson. Fue genial contar con estos amigos para sacar adelante esta idea.



Juan Batalla y Dany Barreto trabajando en Intervención. Playa de Solanas, verano de 2003. BA-BA.

Intervención. Playa de Solanas, verano de 2003. BA-BA.


Intervención. Playa de Solanas, verano de 2003. BA-BA.


Intervención. Playa de Solanas, verano de 2003. BA-BA.


Intervención. Playa de Solanas, verano de 2003. BA-BA.


"Reuníon Elegbara" (detalle) técnica mixta, 345cm x 46cm, 2002. BA-BA.



Juan Batalla en Montevideo presentando "Salvavidas", noviembre de 2002.



"Exú con perro" técnica mixta,150cm x 69cm, 2002. BA-BA.
SEÑORES DE LA PLAYA / Entrecruzamientos
por Alejandro Frigerio

Las religiones africanas llegan a América con los esclavos traídos por portugueses y españoles. Príncipes, sacerdotes y sacerdotisas de orígenes diversos, adivinos, guerreros y músicos de renombre llenan, al igual que otros compatriotas menos
ilustres, las bodegas de los barcos negreros. En América, desposeídos de todo salvo de su memoria, su imaginación y su fe, reconstruyen sus antiguas religiones. Separadas las familias, desbaratados los linajes, alejados los compatriotas, las que
habían sido religiones basadas principalmente en el culto a un solo orixá, ancestro mítico de cada comunidad, se reconstruyen como devociones al conjunto de estas deidades que sobrevivieron al pasaje del Atlántico.
Según las nuevas formas religiosas que toman cuerpo en América, Dios, Olodumare crea el universo para luego desentenderse de él, dejándolo al cuidado de los orixás. Estas deidades intermedias son dueños y patrones de los distintos aspectos de la
naturaleza y de las actividades de los humanos. Colores, animales, partes del cuerpo, comidas, días de la semana, todo lo que existe pertenece a uno u otro orixá, configurándose así un sistema de clasificación del cosmos donde cada objeto, en virtud
de sus características, será afín a una de estas deidades y no a otra. Y todo lo nuevo
que va apareciendo en el mundo (inventos tecnológicos, nuevas actividades sociales, incluso enfermedades) puede ser -debe ser- inserto en este esquema.
Entre los orixás y los hombres se encuentra Exú, el orixá más misterioso, temido y necesario de todos. El mensajero, a quien siempre se le entregan las primeras ofrendas y sin cuyos buenos oficios los puentes entre los hombres y los orixás no
existirían. Exú, el señor de la dinámica, es el primero creado por Olodumare. También entre los orixás y los hombres existe Orunmilá, señor de la adivinación, quien, por haber estado presente cuando Olodumare creó el universo, conoce los secretos y el
porvenir de todos los seres.
En América, los esclavos conocen a los santos católicos, hombres y mujeres con características y poderes especiales; con dominio, también, sobre determinadas actividades humanas. Cuentan las leyendas que luego construimos como historia que
entonces también los orixás conocen a los santos y con ellos se identifican. En los distintos países de América a los cuales los esclavos contribuyeron con su trabajo, con su sangre, con su cultura, con sus genes y también con su religión, se forman distintas
variantes religiosas afroamericanas a medida que sus creencias se mezclan con el catolicismo, con el espiritismo y con las religiones indígenas. Así nacen la santería y el palo monte cubanos, el vodoun haitiano, el batuque, el candomblé y la umbanda
brasileñas, entre otras variantes. A través de sus rituales y fiestas continúa la comunicación entre los hombres y los orixás que se había interrumpido con el pasaje del Atlántico.
Con la gracia de Exú se reestablecen los puentes: la adivinación vuelve a indicar las ofrendas necesarias; los hombres, a sacrificar animales y a ofrecer comidas rituales para devolver el axé, la fuerza espiritual, a los orixás. Éstos volverán a ayudarlos en sus miserias cotidianas, y periódicamente penetrarán los cuerpos de sus devotos en las ceremonias religiosas realizadas en su honor. Los mitos continuarán contando sus hazañas, sus amores y sus odios que se verán reflejados en las vidas cotidianas de
sus hijos en la Tierra. Estos resultarán propensos a los mismos amores, pasiones, odios, conflictos, arrebatos, virtudes y debilidades temperamentales que sus padres espirituales en el orún, el plano inmaterial que los orixás habitan.
El paso del tiempo introducirá algunas modificaciones: en nuestros días ya no hay esclavos y las religiones dejaron de ser el patrimonio exclusivo –si alguna vez lo
fueron– de sus descendientes más directos. Ahora blancos, semiblancos y no blancos rezan las antiguas oraciones en nagó, en lukumí, en alguna lengua congo. También otras más nuevas en portugués o en español. Hombres y mujeres bailan y reciben
espíritus y deidades de orígenes africanos más remotos o más cercanos: orichas, loas, orixás, voduns, guías espirituales, exús y pombas giras. Pobres, no tan pobres y hasta ricos les dejan ofrendas desde el río Hudson hasta el Río de la Plata, en el mar Caribe, en el Atlántico y en el Pacífico. Estatuas de Yemanjá adornan las ciudades de la costa atlántica desde San Luis de Maranhão hasta Montevideo –y quizás un día se erija una en Buenos Aires, para contemplar las ofrendas que ya le dejan sus numerosos devotos locales–. Los mitos de los orixás se cuentan en templos de piso de tierra y techo de
paja en Bahía o de cerámica y lujosas maderas en San Pablo; en piezas atestadas en caserones derruidos de La Habana vieja; en antiguos conventillos de Montevideo; en casas-templo de clase media en Porto Alegre o Buenos Aires; en sótanos de
departamentos del Bronx o de Nueva York. Las viejas historias circulan de padrino a ahijado en vetustas libretas manuscritas, se imprimen en revistas; se reproducen en forma bilingüe en tesis académicas y en libros vendidos en santerías y botánicas;
circulan en Internet; se representan en teatros, se graban en videos y se emiten por canales de televisión.
Exú, el mensajero, el señor del falo en África, el trickster, el indomable que puede hacer el bien o el mal y a quien las ofrendas agradan pero puede llevarlas o dejarlas, el más irascible e inmanejable de los orixás, el que puede venir como niño o como viejo, con un lado blanco o rojo y otro negro, señor de las ambivalencias y duplicidades, no encuentra en América un santo católico a su medida. Su forma y su figura local, por lo tanto, adquirirá cuernos y cola, un tridente, quizás una mueca sarcástica. Sólo un ángel
caído desde lo más alto a lo más bajo, criatura divina y luego diabólica, puede intentar comenzar a dar cuenta en el imaginario americano del cruce de opuestos, de la complejidad del mensajero africano. Exú, Elegua, el intermediario, encuentra a la vez
su contraparte más americana en los centenares de espíritus de borrachos, compadritos, jugadores compulsivos, cafishos, que poseen a los médiums –brasileños, uruguayos y argentinos– en las ceremonias semanales de Kimbanda, la última creación
de la imaginación religiosa afroamericana. Con lujosas ropas negras y rojas, o blancas y negras, los devotos devienen espíritus que llegan desde el averno o de una dimensión espiritual cercana a la nuestra –que puede ser lo mismo–. Conversan
animadamente entre sí, bailan frenéticamente ante los tambores o conversan y se ríen con (de) aquellos que se acercan a pedirles por sus penas de amor y dinero.
Las pinturas de BA-BA resumen y condensan este universo mítico. Realizadas con materiales orgánicos recolectados por ellos en uno de los dominios naturales más significativos dentro de las religiones afroamericanas: la playa, el límite entre nuestro
mundo y el de las aguas. Aguas que dan la vida y que, igualmente, pueden dar la muerte: agua salada de Yemanjá, agua dulce de Oxum o lama profunda de Naná.
Expresión novedosa de antiguos mitos, cada obra encierra un microcosmos en el cual la imagen, los materiales, las proporciones y los colores nos informan sobre la fuerza ígnea de Xangó, la bravura desmesurada de Ogun, la femineidad peligrosa de
Yemanjá, la calma venturosa de Obatalá o la fertilidad insinuante de Oxum.
De manera voluntaria o no, la muestra reivindica conceptualmente –casi ritualmente– varios de los principios básicos del imaginario religioso afroamericano: la necesidad básica de los elementos naturales, la correspondencia mítica que se establece entre ellos, la sacralidad de los lugares donde se exhiben y la potencia de la performance que los acompaña (en los cantos rituales y los tambores que abren las exhibiciones, o , en la intervención en la playa, que los dinamiza). Los lugares donde ha sido exhibida
son a la vez fuente y expresión de axé, de fuerza espiritual. Una galería cercana a los antiguos conventillos de negros montevideanos; otra frente a una bahía de la costa uruguaya (de cara a África); una antigua herrería (¿podría haber un dominio que mejor exprese a Ogun?); la playa y, finalmente –completando el circulo de circulación del axé– el propio mar del cual emergieron los objetos que la constituyen.
Exú, el intermediario, se convierte por su omnipresencia en el eje temático y soporte de la exhibición. No podría ser de otra manera, en una muestra radicalmente liminar, que traspone espacios con seriedad, con ironía y con total desparpajo; que se asienta en la encrucijada entre el arte erudito y el popular, el arte secular y el religioso; que se ríe de las demarcaciones raciales; que subvierte las barreras de clase; que reproduce y respeta la tradición al expresarla con una estética absolutamente original.


"Desintegración" (secuencia) Uruguay, 3 de abril de 2003 de abril. BA-BA.



"Desintegración" (secuencia) Uruguay, 3 de abril de 2003 de abril. BA-BA.



"Desintegración" (secuencia) Uruguay, 3 de abril de 2003 de abril. BA-BA.



"Desintegración" (secuencia) Uruguay, 3 de abril de 2003 de abril. BA-BA.



"Desintegración" (secuencia) Uruguay, 3 de abril de 2003 de abril. BA-BA.
TRAZOS FRAGMENTARIOS
por Fernando Loustaunau

Sabido es que figuras clave del surrealismo ya reivindican en los lejanos veinte el arte africano. Los tres célebres mosqueteros, autores del ya legendario manifiesto, se ven particularmente tentados hacia ese “nègre nouveau”.
No puede parecer extraño; hay naturales afinidades entre la cosmogonía africana tradicional y algunas de las bases sustentadas por esa removedora vanguardia: visión global del mundo, resolución de antinomias, el azar y sus circunstancias. Ni qué hablar del inconsciente manifestado a través del sueño, tan recurrido él. Pero base, en los hechos, de la poesía libre, escritura automática y toda la conocida infantería pesada.
Una afinidad – que en realidad es casi una fuente que podría casi ser una catarata -, afinidad que, según creo, jamás fue señalada, convoca a Lautréamont, catalogado históricamente de fundador espiritual del movimiento surrealista. Como es sabido, este falso conde se crió en la decimonónica Montevideo en tiempos en que ambas capitales platenses albergaban una representativa presencia de negros esclavos. Y al ser huérfano de madre el futuro poeta (por darle un calificativo políticamente correcto, claro), no parece aventurado señalar que recibió al menos parcial educación por parte de morenos. Educación que, de haber existido, claro, habría muy probablemente desbordado los límites de los códigos establecidos.
Un siglo y medio después, Daniel Barreto y Juan Batalla, circulan por las costas del mismo río, extirpándole a ese largo pasado continuo – discontinuo - trazas de la vieja Africa. Pero también plasmando en esas mismas arenas, primera visión de esos negros al atravesar el mundo, elementos que les son de algún modo familiares.
Una de las virtudes de este tiempo histórico, es que ya casi no hay que aclarar la inexistencia de fundamento racional alguno que nos pueda salvar. Cornelius Castoriadis se torna bastante irrefutable cuando define (“La institución imaginaria de la sociedad”) justamente la creación continuada mediante la cual la sociedad se hace ser, siendo creada la institución en el tiempo de los individuos, de las cosas y de la sociedad a partir de una nebulosa de significaciones imaginarias. Es que desde el fondo mismo de la Antigüedad, se ha soslayado el ser propio de lo social-histórico como imaginario, en beneficio de una teoría de la esencia de la sociedad y de la historia.
Paradojalmente – o no tanto -, Buenos Aires y Montevideo comparten un vacío metafísico casi insondable, vacío metafísico que sólo se puede llenar con el vocablo tango (y no hablo, claro, ni de música, ni de danza ni mucho menos de letra). Y ese vocablo tango, que resume la extranjería de nosotros mismos como ningún otro, es significativamente africano.
No es el momento de ponernos a averiguar demasiadas cosas, pero lo cierto es que el tango conoce su desarrollo más notorio – o al menos su pasaporte internacional – en la París de esa misma década del veinte. Es la urbe imperial que se autoriza la muestra L’Art Nègre en el Museo de Artes Decorativas, puntualmente en 1923. Muestra que cuenta con la participación – tal vez no del todo casual -, de un tal Pedro Figari, ese proustiano de barrios bajos.Pero claro, el artista no tiene más responsabilidad que su propia producción. Lo cual ya es una gran responsabilidad. La historia, la tradición, el acervo, los acervos hablan desde otros registros que, por fortuna, no son siempre registrados.
Así, la obra de Barreto&Batalla está cargada de una impresionante fuerza erótica, que más que negra es humana.
Georges Bataille, casi el propietario del término, no escatima esfuerzo en afirmar que el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte. La disolución de lo individual en un ser anónimo es el horizonte por relación al cual el erotismo, que tiene siempre por efecto una perturbación, encuentra su sentido para el hombre. Así, deviene “la puesta en cuestión de la existencia”.
Como se sabe, este sujeto apabullantemente lúcido, influyó de modo profundo en Gilles Deleuze, para quien la historia de la filosofía se parece a la técnica del encolado en pintura. En su ya casi clásico “Diferencia y Repetición” señala que la diferencia no es la negación, al igual que la repetición no se reduce a un simple volver a decir; basta evocar el modelo nietzscheano del Eterno Retorno – término ya de filosofía de bolsillo, casi – para comprender que toda afirmación de lo mismo es ya una potencia de subversión de lo idéntico.
El hecho artístico de Barreto&Batalla se repite en la arena, en espacios fungibles, fragmentarios, ahistóricos, en infinitos “encolados” de moluscos que son mucho más que moluscos.
Se trata de una experiencia de land art, no tanto por cuestiones etimológicas, como podría indicar la obviedad. Sino más bien porque la incrustación transitoria de estas marcas, es análoga a la recomposición constante de nuestra existencia. Es además un arte que no tiene convencimientos perpetuos ni colectivamente respetables; se apoya en una fuerza exclusivamente telúrica, que rechaza toda instalación (jugando deliberadamente con la palabra). En “La fresca ruina de la tierra”, un libro reciente de Félix Duque, se alude a Gordon Matta-Clark y su receta de land art. El artista agujerea los muros de casas en ruinas, o hiende un edificio por la mitad, para dejar así salir a la luz la sorda resistencia de los materiales empleados, para hacer indisponible la morada misma del hombre mortal. A partir de todos estos procesos, recopila Matta-Clark una exhaustiva documentación para remarcar la convivencia del hombre con ruinas fabricadas. Ruinas que producen una estupefacción que en última instancia generan ternura. Una ternura que asemeja de manera desazonante a la introspección de nuestra propia vida. Ante lo cual reflexiona Duque: “Con todo, es cierto que aquí el arte cree en algo: si no en la historia, cree al menos en la tierra, en la fuerza telúrica, la fuerza que se revela (justamente a través de su vinculación técnica) y que se rebela contra toda fijación (pues sabe que la construcción implica una destrucción constante)”.
En ausencia de grandes verdades acaparadoras, en conciencia de esa institucionalidad imaginaria, sabiéndose definitivamente carente de grandes narraciones totalizadoras, queda el fragmento.
El fragmento es la verdad acequible y vale por sí mismo y es nuevo aunque sea “lo mismo”. El fragmento vale no como expresión de alguna totalidad.
Y se parece, el fragmento, a la acción sexual, a ciertas acciones sexuales que se llevan a cabo de apuro, o en espacios o situaciones no convencionales. Acorde, tal vez con este tiempo histórico enlentecido, pero taurinamente a las corridas. Se atribuye al pobre Proust muchas cosas y muchas frases, incluso algunas cruelmente simpáticas. Parece que dijo que el amor – al menos se lo atribuye Harold Bloom, con lo cual suena bastante importante -, “es un ejemplo de lo poco que significa para nosotros la realidad”. Del sexo en sí, no dijo nada; sólo le dedicó un opus de tres mil largas páginas.
En medio de esas encrucijadas cabe interpretar, según creo, a Barreto&Batalla. Claro, ya Nietzsche advierte que aquello para lo cual se puede encontrar palabras ha muerto en el corazón. Por tanto, el habla incluye siempre una suerte de testamento oral.
Es que estas obras, bajo una deliberada apariencia de naividad, coartada demasiado cómoda para no sospechar, son piezas de difícil clasificación. No son obra de artistas, ni artesanos, ni poetas, ni filósofos, ni locos. Nada que se pueda expresar por un sustantivo, me parece.
Pero hay una animalidad, un salvajismo, una exuberancia sexual, que los constituye en un nosotros. Es una suerte de contra definición del hombre, modelado por la estructura del trabajo y forzado en consecuencia a moderar, por no decir desconocer, el exceso sexual.
Pero no es, definitivamente no es ni pretende ser una obra “transgresora” (y me hago cargo de las comillas); de modo ostensible ésta termina levantando la prohibición sin suprimirla. Es, insisto, un nosotros, que aflora, de flor, con la genitalidad que encierra el término. Que del fondo de la tierra, nos muestra otra vez – igual y diferente - el infinito vacío,la nebulosa de significaciones imaginarias como dice Castoriadis, como dice el tango nuestro, de nosotros.

Fernando Loustaunau



"Ogún I" técnica mixta,158 x 92cm, 2002. BA-BA.



"Obatalá" técnica mixta,105cm x 45cm, 2002. BA-BA.



"Babalú Ayé I" técnica mixta, 122cm x 39cm, 2002. BA-BA.



"Iemanjá I" técnica mixta, 100cm x 40cm, 2002. BA-BA.

domingo 16 de septiembre de 2007

C A L U N G A I Z A D O S


Conversaciones con Robert Farris Thompson en torno a “Salvavidas”

Robert Farris Thompson es autor de “Face of the Gods”, “Flash of the Spirit”, “The Four Moments of the Sun:
Kongo Art in Two Worlds”, “Black Gods and Kings” y “African Art in Motion” entre muchas obras, colaboraciones y artículos que modificaron radicalmente el panorama del estudio del arte afroamericano. Es
Profesor de Historia del arte afroamericano y africano en la Yale University y Master de Timothy Dwight
College en la misma institución. Ha sido curador de muestras fundamentales en el Museé Dapper y la National Gallery of Art, entre otras. También ha hecho aportes a la comprensión de la obra de artistas modernos como
Jean-Michell Basquiat y Keith Haring.
Este diálogo entre Robert Farris Thompson, Alejandro Frigerio, Daniel Barreto y Juan Batalla transcurre al mediodía en un restaurante porteño, días despúes de que visitaran el taller de los artistas. Sobre la mesa se hallan
algunas de las fotos de “Salvavidas” y la charla las sobrevuela en círculos.


Frigerio: ¿Porqué empieza el libro con la imagen de la fiesta de Iemanjá?

Batalla: A los pocos días de estar en Uruguay fue dos de febrero, así que inaugura la experiencia de permanecer
ahí. Y si bien siempre estamos atentos a la fiesta de Iemanjá, no importa dónde estemos, esa fue importante ;
con todo lo que pasaba en Buenos Aires en ese verano del 2002, para nosotros tenía mucha significación.

Frigerio: ¡Cuánta gente que ve en la fiesta de Iemanjá en Punta del Este!; ¿de dónde son? Sabía que asistía mucha gente en Montevideo...

Batalla: De ahí, de Maldonado.

Frigerio: Podría pensarse que lo religioso local fue un disparador para quedarse.

Batalla: Es que es un momento ritual el que experimentamos ahí; y eso a los dos nos dispara cosas. Creo que nos
ingresó en algo.

Barreto: Y facilitó inconscientemente la búsqueda de un rito propio, también en relación a las fuerzas que operan desde el mar. Pienso que ahí ya empieza a gestarse lo de las intervenciones.

Thompson: (mira la imagen) Los exús de las intervenciones tienen muchos ademanes. El que está agachado,
abertura sexual; los siguientes, reto, medio reto, reto. ¿Qué pensaban cuando a uno le pusieron las manos en la
cintura?


Intervención. Playa de Solanas, verano 2003.



Barreto: En que sea fuerte. Las piernas y los brazos están diciendo “aquí estoy”.

Thompson: Entre los negros de Estados Unidos, cualquier persona que adopta esta postura frente a un anciano
merece una cachetada. Se considera que...un joven no puede hacer este gesto de “¿y qué?”. Es arrogante. Si llevara subtítulo, como en el cine, sería ese, “¿y qué?”. Y este otro es un medio “¿y qué?”. En Kikongo esto
se llama “pakalala”; quiere decir “con mi actitud te vuelvo carne para hamburguesa”. Si ven las fotografías de lucha libre kongas, los que esperan a luchar asumen esta actitud de “pakalala”.
Parecen carbón, los mejillones. ¿Qué pasaba con estas figuras, las dejaban allí?

Barreto: En algunos casos si, en otros las arreglamos como para poder usarlas en otras intervenciones. Y hay tres que, más allá de las fotos, se transformaron en obras que sobrevivieron a esa instancia. Y a otras las entregamos al mar. El agua se las llevó.

Thompson: (señalando la línea donde el agua del mar toca la arena). La calunga. La linea que divide Nosotros/
ellos (los espíritus). Vida/muerte. El concepto de “calunga” divide a este mundo del otro mundo. Y ustedes están trabajando en términos, digamos, “calungaizados”, porque todo este material viene del mar.
Hay que verlo acá, en esta interpretación de la Pomba Gira (figura x). Generalmente, ella es una mujer muy linda;
pero esto se sale del molde, tiene más imaginación; porque viene del agua, de calunga. y además, verla como un tiburón devorador agrega a su iconografía. Ella está donde todos los peligros se concentran.

Batalla: Me gustan los versos de la Kimbanda para esta Pomba Gira, la de la playa. Ella es la que acompaña a Iemanjá. “Espeto no fundo do mar / onde fica deitada / sereia tubarao do mar”.
Y ahí ya estaban los tridentes y su imagen como tiburona. Ya estaba todo presente, faltaba sólo dar el paso hacia lo visual.

Thompson: Iemanjá (figura); esto es interesante porque contiene lo que podemos llamar “intuición artística”.
O sea, cómo un artista adivina algo que “no se debe” adivinar. Porque Iemanjá, aunque es muy buena y generosa tiene, digamos, otra cualidad. La que lleva una palabra Yoruba que significa “nivel del agua tan profundo que el mundo se ha tornado índigo”. Ustedes la han hecho muy oscura, es como si estuviera en su manifestación del nivel más profundo del mar, arriba ya no hay luz, !índigo!; es el nivel donde ella mata ahogando.
(señala el pasaje de los mejillones hacia su “encaje”). Y ella es oscura, pero aquí de repente cambia. Porque cualquier orixá es como una espada para abrir un camino dentro de la selva, y su filo precisa cambios; es una
manifestación que varía.
Ustedes la representan de un modo más antiguo, que no está emparentado con el de aquellos que copian los cromolitógrafos. Ustedes están creando una imagen particular para los orixás locales, los de la zona donde estaban ustedes.

Batalla: Si, hay un gusto mayor por las texturas, por un erotismo, que el que hay en las imágenes de los cromolitógrafos. Y eso descuartiza la imagen urbana, los devuelve a la naturaleza.

Barreto: Había un juego permanente con desandar instancias. Por esos días leímos un reportaje a Spencer Wells, que es un biólogo molecular especialista en genética. Él hablaba de que el concepto mismo de raza está perimido, de que ya se puede afirmar que los ancestros de todos fueron africanos; los hombres empezaron a salir de África
hace tan sólo 60.000 años y la genética confirma que no hay algo así como razas. Tan sólo hombres que modificaron su pigmentación según los derroteros que siguieron.

Thompson: (ahora mira la figura) ¿Qué estaban sugiriendo al poner esa línea que divide positivo y negativo?

Batalla: La ambivalencia de Exú, su magia; el bastón quema, apenas se controla.



"Exú doble" técnica mixta, 103cm x 75cm , 2002. BA-BA



Thompson: Hayuna línea de su poesía, en uno de sus orikis. Poesía que saluda, literalmente, a la cabeza. Ori:
cabeza; ki: hago una danza. Uno de ellos dice: Exú es la línea al margen de cualquier camino. Y en esta obra
el margen aparece doblemente, dentro y al lado del camino; es increíble.

Batalla: En esa obra percibimos que estábamos incorporando metáforas de otras culturas, surgió la cuestión del friso jugando con la mitología clásica; la idea de que la mitología Yoruba formaba parte de ese mismo tronco.
Y comenzamos a visualizar lo de las dunas.
Thompson: Se me ocurre una idea; ¿porqué ustedes no hacen en algún momento, una película de dibujos animados mostrando los movimientos que sugiere la poesía de alabanza?

Barreto: Nos daban ganas de hacer una animación usando las imágenes de las intervenciones; de darles movimiento a esas figuras.

Thompson: Ya está listo, ya tienen todo.
(observa la figura) ¿Y este Exú, el del perro?; esos que salen del bastón, ¿son rayos de fuerza?

Barreto: Si, de fuerza, de axé.

Thompson: Y ese es su perro; eso del perro es muy Kongo. No se puede tener a una fuerza sin su perro, su mbwa
En el mundo Kongo él hace de mensajero, acepta ciertas tareas.

Batalla: Nos gustó la idea de representar a los exús acompañados por perros y a las pombagiras con gatos,
asignarle a cada cual un animal de poder de entre nuestros propios animales. El perro y la gata esos existen y
conviven con nosotros.

Thompson: Hay algo ahí (señala al bastón). No era la intención de los Yoruba, pero el gancho del bastón tiene la misma intención, el mismo resultado de atraer y agarrar que tiene el movimiento del “gancho” en el tango.

Batalla: Creo que el gancho del bastón, igual que el de la cabeza, tiene varias lecturas paralelas.


"Exú con perro" técnica mixta,150cm x 69cm, 2002. BA-BA.




Thompson: En un mito fundacional, Dios pretendió saber cuáles eran sus amigos verdaderos; entonces, fingió
su propia muerte. Surgieron muchas controversias entre los orixás, discutían acerca de las propiedades, de la herencia de cada uno. Sólo alguien llegó con lágrimas en la cara. Exú. Él estaba por cortar sus cabellos, pero al
enterarse de la supuesta muerte se apuró y llegó sin haberlo hecho aún, con lágrimas grandes. Y Dios le dijo:
no estoy muerto, y tú eres mi único amigo. Te daré más axé que al resto; y deja para siempre tu cabello de ese modo.
Así que, para mucha gente, hay sexo en el bastón, en el pene de Exú. Pero también es el signo de la fidelidad
suprema.
Y ustedes también implican cosas con el hecho de que los rayos de axé que salen de su bastón sean blancos,
no negros.

Barreto: Para mi era importante estéticamente, más allá de lo simbólico.

Thompson: La estética es el mejor simbolismo, el que permite ver lo mágico.
(mirando a la figura) A Ogún yo lo veo exactamente así, no al nivel de un Hulk pero muy próximo. No hay
dudas de que es él, cruzando sus espadas en la encrucijada.
¿De dónde surgió lo de los mejillones?

Batalla: Fue casi como un juego; tenían varios elementos que nos gustaban: la idea del cuerpo vuelto comida, como un sacrificio, cuando justamente nos estábamos refiriendo a dioses que gustan de las comidas. Y las
valvas como protección de esa comida que también recuerdan a las escarificaciones, las marcas rituales en el cuerpo que se hacen los africanos.

Frigerio: ¿El hecho de estar allá instalados facilitó el trabajar con esos materiales o fue a la inversa?

Barreto: No existía un plan previo para que esto sucediera. Cada cual trabajaba por separado, en su propia obra.
Cuendo apareció la ventana con la que hicimos “Obatalá”, que fue el primer trabajo, decidimos hacerlo juntos
porque a los dos nos gustaba mucho y no nos poníamos de acuerdo acerca de quién iba a usarla. Era de un blanco
que había envejecido bien, estaba rayada y gastada de un modo muy atractivo. Por la forma y el tamaño, resultaba
especialmente adecuada para un retrato. Juan propuso el material, él estaba usando mejillones para una escultura que estaba haciendo; a mi al principio no me convencían, pero me terminó gustando cuando empecé a percibir distintos tonos: azules, tierras, violetas, que iban apareciendo a medida que formábamos un tejido con ellos.
A los dos nos atrae la cuestión de tejer, superponer, y nos gustan los textiles africanos y precolombinos...;
así que fue el desarrollo de un textil sobre una tabla. El cuadro / altar, cuadro / ofrenda.

Frigerio: Y el resultado de esa colaboración los indujo al resto.

Barreto: Si, pensamos que sería una obra única, rara por el hecho de estar hecha por los dos, pero ya cuando
encontramos la segunda ventana surgió la serie.

Batalla: El mar iba entragando madera, aparecían puntualmente restos de puestos de salvavidas desarmados
cada vez que estábamos por terminar una obra.

Thomson: “Salvavidas”, qué sugestivo.

Barreto: Una historia que imaginábamos acerca de los puestos de salvavidas es que, tras todo el verano de mirar hacia el océano tras el cual está África, algunas presencias de allá terminaron impregnando a los puestos; y, al
desarmarse, era natural que reaparecieran interpretadas con el lenguaje del material del mar sobre esas tablas.

Batalla: Existe un momento fantástico en abril,mayo, cuando los vientos modifican todo, y también el mar
devuelve cosas que tragó en el verano. Durante la temporada, hay gente que barre la playa cada madrugada;
pero cuando termina dejan de pasar, y el mar hace una devolución disparatada de objetos; un juguete que un chico
olvida en la playa y la marea lo lleva, al volver está transformado por verdes, negros oceánicos...

Barreto: Cada mañana juntábamos materiales, teníamos un depósito gigante.

Batalla: También encontrábamos las ofrendas que alguien había hecho la noche anterior: una vela, frutas, algo.
Y había huesos de animales marinos, uno ve cómo se van modificando día a día, un lobo enorme que se comprime, se pudre de a poco, le iba sacando fotos. Y la gente que queda son los pescadores, personas con
tiempo, o gente que va a la playa y tiene sexo, aún en invierno. Hay una playa donde es costumbre, ahí hay un
erotismo permanente, que se vive con mucha libertad. Todo eso es también parte de la escenografía que
inspiró “Salvavidas”.
Otra cosa que sucede en el invierno es la llegada de las ballenas. El agua se vuelve eléctrica. En un día de agosto
en el que hacía calor, recuerdo que me bañé en el mar, y sentía algo muy peculiar. Ahí me di cuenta de que
emergía una ballena cerca mio, me emocionó.

Barreto: Hicimos un Obatalá con ballenas. En una mano sostiene la cola y en la otra la cabeza; él mismo es la
espuma del mar ahí.

Thompson: Si; (ahora mira la figura) Este es muy original; Oxossi tiene flechas que son un misil inteligente que está programado. Y él, en este caso, trae algo de San Sebastián; él es también el propio blanco de las flechas.
Están en su color correcto, su matiz, que debe ser un verde no muy saturado, porque el color saturado pertenece a los muy mayores; dicen los Yoruba que un color como ese es para un dios joven; y un color oscuro, intenso, es para un dios antiguo. Asi que, por ejemplo, Ogún llega a Brasil y al resto de América con un azul o verde oscuros.
Esas flechas corresponden a un joven atleta.

Batalla: Me gusta en Oxossi la fusión que presenta de ser un orixá rígido que exige que las cosas sean hechas a
su manera, con la naturaleza de su paso que es ágil, abstracto casi.

Thompson: Estas flechas no lo van a herir, ninguna de ellas lo penetra. Una de las líneas de su poesía dice que
juega con las espinas; está ahí en plena jungla y no lo lastiman. Ese dolor para él no existe, dice “dame más”.
Esta obra explica eso intuitivamente.

Barreto: Hay algo de masoquismo también; los masoquistas se apropiaron de la imagen de San Sebastián para
identificarse.

Thompson: Si, pero Oxossi va más allá del masoquismo. Es un juego para él. La flecha, que es su símbolo
principal, lo atrae. Pero en general, Oxossi está representado como un arco y una flecha, sin cuerpo.
Y no es una flecha..., es un “contra-ave”. Una vez , en la ciudad donde él vivía, el rey incurrióen la omisión
más grave que se pueda imaginar: desairar a las brujas. Entonces ellas dijeron: !tú pagarás!. Y volvieron en
forma de un ave que ocupaba todo el cielo. Y Oxossi, a través de la magia de su madre, disparó una flecha
que voló directamente hacia el corazón del ave. Esta cayó muerta, y de esta manera Oxossi salvó al mundo
con su flecha.



"Oxossi" técnica mixta, 95cm x 58cm, 2002. BA-BA.



Batalla: Yo conozco la historia de manera algo diferente: que a Oxossi le plantean que en su ciudad hay alguien que, a través de brujería, está matando gente; y él dispara una flecha mágica sabiendo que va a matar a la bruja, pero desconociendo su identidad. La flecha mata a su propia madre. Oxossi es capaz de matar a su propia madre con tal de hacer justicia.

Thompson: Háblenme de cómo conocieron acerca de los orixás.

Barreto: Para mi fue a través de Juan.

Batalla: Yo sentí atracción por lo negro desde chico; mis primeros dibujos, que guardo, muestran a enmascarados y hechiceros en la selva. Pero, además de este interés estético y metafísico también, siempre me atrajeron las santerías, ese negocio que existe en cada barrio; en el mio, en particular, se vuelve cada vez más grande.
Y crece debido al aumento de las figuras de Umbanda o del Gauchito Gil, no a causa del material católico
que también venden. Y, sin embargo, la gente no te cuenta que practica Umbanda, lo niega, pero está claro que
lo hacen, porque si no ese negocio no prosperaría. Y los dueños me cuentan: Fulano, Zutano, todos pasan por aquí.
Así que lo veo como lo más cercano y lo más lejano que hay.

Thompson: ¿Qué tipo de música negra les gustaba antes de comenzar este trabajo?

Barreto: Por ejemplo, Cesaria Evora. Estuve en Cabo Verde, y quedé fascinado por esa música, con una
nostalgia como la del tango.

Batalla: A mi músicas de Brasil. En realidad, para mi la música negra es como si fuera mi “música clásica”.

Thompson: Todo está conectado. Para mi Bartók es música negra, agrega notas muy extrañas. Piazzolla tuvo la
visión de incorporar eso en el tango, lo absorbe todo en “Tanguedia 3”, que termina a la Bartók. “Tristezas de
un Doble A”, bartokianísimo. Él le quitó veladuras a esta música, la volvió popular.

Batalla: Los caminos de ida y vuelta entre lo popular y lo culto...

Thompson: A ver, aquí está Oxum (figura). Al estar asociada con el agua, que su cuerpo, sus tetas, estén hechas
con material que viene del mar es coherente. Pero siempre agregan algo, esa es la firma de ustedes, porque esas flores son como ofrendas arrojadas al mar.
Y esta otra Oxum, esto es perfecto para ella, porque Oxum es vanidosísima. El espejo de su vanidad
es también el poder de la miel. Había un pintor muy talentoso en Nueva York, John Davidson. Una noche me
llamó a las cuatro de la mañana y me dijo: perdón por la hora, pero quiero decirte que el Cielo es muy bonito.
Click. Válgame Dios, murió dos horas despúes. Tenía un altar increíble en Brooklyn.
Él decía: “honey is the knife”. La miel es el cuchillo. Nos podemos cortar con la belleza, el cuchillo está hecho
con miel. También Lydia Cabrera decía de ella: “sin más argumentos que su cuerpo, Oxum triunfará”.
(señala al espejo en la obra) ¿Qué representa esto, son cascabeles?

Batalla: Aparecieron como metáforas de plumas.


"Oxum II" técnica mixta, 158cm x 70cm, 2002. BA-BA.


Thompson: Oxunísima. Además es negrísima. Una vez, a una estudiosa de lo afro que era amiga mia, Zora
Neale Hurston, alguien le preguntó: ¿cuál es la estética negra?; ella respondió: “decorar las decoraciones, para decorar las decoraciones”. “To decorate the decorations, to decorate the decorations”. Oxum tiene un espejo,
pero no es suficiente con él; debe haber plumas, cascabeles.

Barreto: Perfecto para nuestra imagen recargada, barroca. A los dos nos gusta la estética de mestizaje barroco, con muchos santos, como en Bolivia.

Thompson: Es perfecto. Si no fuera así, sería vacuo. Y hay que ver el ademán de la mano de esta Oxum. Es muy
femenino y muy negro, muchas mujeres negras lo usan mientras conversan.

Batalla: En Oxum tiene algo de despectivo. Con su gesto ella se pone algo arriba de los demás.

Thompson: (mira la figura) Este es un Preto. Para los Kongos, está en la postura del convite sexual. Cuando
ellos bailan, colocan el cuerpo de ese modo. Figari pintó eso, con alguna frecuencia encuentro en su pintura a un hombre adoptando esa postura frente a una mujer. Y en esta foto de Montevideo (figura x), Beatriz Santos, con
el gesto de sus manos, parece que se estuviera moviendo dentro de una obra de él.

Batalla: Usted nombra a Figari y justamente nosotros lo tuvimos presente, sobre todo en el trabajo de la playa;
por su invención del pueblo kirio, un período que nos interesa de la obra de él. Eran hombres y mujeres de la
Edad de las Cavernas, a los que él imaginó situados entre las rocas en las que nosotros armábamos las figuras en Punta Ballena, donde hay cuevas y plegamientos geológicos antiquísimos. Así que nos figurábamos una relación entre el pueblo Kirio y nuestra reunión de exús.

Barreto: En la obra del Preto, también aparece nuestra admiración por Tarsila do Amaral, en los pies grandes que tienen relación con los de “Abaporu”. Nos interesan las ideas que se manejaban durante el Modernismo
brasileño, la Antropofagia de Oswald de Andrade.

Thompson: ¿Qué insinúa el humo de la pipa?

Barreto: Es humo mágico, de adivinación.

Thompson: Es interesante porque en la adivinación el destino se determina según los caracoles sean abiertos o
cerrados. (examina y cuenta los caracoles de la obra). !Acá hay un destino positivo!
Ah, y este es Babalú Ayé (observa la figura). Babalú Ayé es el hombre de paja; este es como una escoba.
Sería interesante superponer las distintas imágenes de Babalú, el escobillero del candombe, y la de quien barre
en la vida real; podríamos tener un paso de tango: “la barrida”.

Batalla: Es sugestivo.

Thompson: (mira la figura) Obatalá. Hmmm, la blancura, es muy Obatalá. Tiene su buen gusto característico,
en la elección del tono de sus blancos.

Batalla: A la obra ya no la tenemos, pero su foto está sobre la puerta de la heladera por ser el lugar más fresco
de la casa. Es casi como un altar para Obatalá. Y si un día tenemos dulces los dejamos ahí arriba para que reciban esa frescura.

Thompson: Muchas cosas me gustan en este trabajo; que hayan dejado estas bisagras para que tenga el sentido
de abrir y cerrar. Y que Obatalá sea un negro-negro al que no se le pueden distinguir las facciones.

Batalla: Me gusta que existan distintas opiniones con respecto a Obatalá, que tenga distintas personalidades;
uno viejo, otro joven y fuerte. !Qué mitología con necesidad de guerreros, que precisa de que hasta Obatalá
lo sea.

Thompson: Si. (mira la figura) !ah, Xangó!; ¿qué sostiene Xangó?

Barreto: Rayos. Y la luz es la provocada por relámpagos que iluminan la noche.



"Xangó" técnica mixta, 158cm x 70cm, 2002. BA-BA.


Thompson: Los Yoruba dicen que, cuando el rayo llega, es como un cuchillo en el ojo del que está en falta, el
mentiroso, el que comete adulterio. Y en una ceremonia para él, esto to lo presencié, el sacerdote, para probar que estaba poseído por la fuerza de Xangó dejó al ayudante apoyar su cuchillo casi hasta su nervio óptico; demasiado
para mi. Hace como que da su cuerpo en sacrificio.

Batalla: Yo leí en su libro, “Flash of the Spirit”, aquello de que los Kongo dejan a la “prenda” en el campo, para que el brillo de una estrella fugaz la alcance, activándola. Me encantó esa imagen.

Thompson: Una vez, estaba fotografiando un altar Yoruba en plena tormenta; y me dijeron, si hace otra
fotografía con flash, se va de acá. Me di cuenta de que tenían razón, cada vez que disparaba el flash afuera
había un relámpago. Cualquier centella atrae al rayo.
Acá hay una prenda (mira la figura). ¿Y esta Sarabanda?

Barreto: Si, es una Sarabanda. La hicimos en una herrería vieja, de 1849, en la que ahora se organizan muestras.
Por esos días comenzaba el ataque de Estados Unidos a Irak, así que estaba toda la cosa guerrera en el aire;
y, siendo Ogún el orixá herrero y guerrero al mismo tiempo, nos dieron ganas de hacer algo especial para esa situación.

Thompson: ¿Son cintas azules?, ¿Sarabanda bailando?; hay un ritmo de soslayo en las cadenas, los cuchillos,
las cintas. ¿Y qué es esto?

Barreto: Plumas rojas y blancas, y arena de la playa.

Thompson: La Sarabanda que hicieron ustedes es interesante, muy original. En general la Sarabanda se ve tenebrosa. Me gustaría ver qué dirá José Bedia de ella cuando la conozca. Ustedes la representan de manera dancística, y él la hace de un modo metálico. Él pone en su Sarabanda un carburador de auto, es como si la
manejara, rrummm (imita el sonido de un motor).

Barreto: Nosotros usamos herramientas antiguas que pertenecen a la herrería, habitualmente sus dueños las tienen en exposición.

Thompson: Las de ustedes son líneas tangueras, es la argentinización de Sarabanda.
¿Dónde vieron Sarabanda por primera vez?

Barreto: En Trinidad, Cuba.

Thompson: ¿Cómo fue?; normalmente, un visitante no ve Sarabandas. Aunque siendo artistas van con ventajas.

Barreto: En Trinidad conocimos a Isabel, una mujer que cocinaba en su casa, tenía un paladar (10) en el que
recibía gente, en la terraza. !Su comida es increíble!; y las historias que cuenta también, ella es como Scherezade,
Como es santera, por ellas conocimos muchas cosas y personas. En su misma calle había un hombre que fabricaba
tambores en un taller; y en la penumbra, detrás de las pieles de chivo se podía ver su Sarabanda.

Batalla: Me atraela cuestión de la penumbra, del secreto y las revelaciones a las que, quizá sólo como artista puede uno acercarse.

Thompson: Yo he visto cosas...; recuerdo cuando se hizo la muestra “Sacred Arts of Haitian Voudou”, en 1995,
que fue invitada Mama Lola para dar algunas conferencias. Durante el transcurso de una de ellas, de repente
ella dejó de estar presente, y era Erzulie quien allí estaba. Fue la primera vez que ocurría que hubiera una posesión en pleno asunto académico de la UCLA. Su voz variaba, así que fue interpretado como una
variación dramática, !lo cual es!

Frigerio: Si, muy “dramática”.

Thompson: Muchas veces se debe guardar silencio, sobre todo ante mis colegas.

Batalla: El otro día, en el patio de un templo de Candomblé dos personas hablaban. Un tipo le decía a una señora:
las cosas que vemos acá, patrona, si a mi me las contaran no las creería. Y era verdad, a los dos los llevaba más allá de sus límites.

Thompson: ¿Dónde era eso?

Batalla: Aquí en Hurlingham, en Buenos Aires.

Thompson: En esta ciudad yo veo a los taxis, a los mateos del zoológico con su fileteado, la cinta roja contra
la envidia; a los taxis con la misma cinta, el rosario o a veces hasta guías de Ogún colgando del espejo; son como altares andantes. La ciudad del tango es la ciudad de las creencias. Y sin creencias no se puede ser artista.


Juan Batalla y Dany Barreto en Galería Casapueblo presentando "Salvavidas". Verano 2003, Punta del Este, Uruguay.


Detalle de "Reuníon Elegbara" técnica mixta, 345cm x 46cm, 2002. BA-BA.



Intervención. Playa de Solanas, verano 2003.



SALVAVIDAS
Juan Batalla - Dany Barreto
Textos de Robert Farris Thompson, Alejandro Frigerio y Fernando Loustaunau.